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14.5.20

El algodón de los dólares EEUU

Sabemos que EEUU emplea para el papel del dólar un blend de fibras de algodón y lino, en una proporción del 75% y 25% respectivamente. 
Desde 1879, el papel es producido y suministrado por Crane Currency, subsidiaria de Crane &Co.
En sus comienzos, para poder contar con el algodón suficiente, Crane dependía de los sobrantes de tela vaquera vendidos a granel por la industria textil. Alrededor del 30% de las fibras de algodón provenían de esa fuente, mientras que el resto tenía su origen en otros desechos textiles. 
Una vez que se procesaban y blanqueaban las fibras, el algodón se mezclaba junto al lino y terminaban conformando el papel del billete dólar.
A mediados de la década de 1990, la tela vaquera comienza a incorporar tejido elástico comúnmente conocido como spandex (Lycra es una marca registrada de spandex), provocando una nueva era textil.
Si bien en un jeans puede haber como máximo un 3% de spandex, esta tendencia textil fue una mala noticia para Crane, pues incluso unas pocas fibras de spandex pueden arruinar un lote de papel moneda, degradando la resistencia del material. Se realizaron intentos para separar el spandex del algodón, pero era una tarea muy dificultosa y costosa. 
Ante este hecho, Crane tuvo desestimar el uso del algodón de desechos textiles y empezar a usar la propia  fibra natural. En otras palabras, compran el algodón directamente de la fuente.




Fuentes:
Washington Post
Coins Weekly

13.4.20

AVALON, dos pasos, dos fenómenos.

Oberthure Fiduciaire puse en el mercado a AVALON, una característica interactiva fluorescente que tiene la capacidad única de cambiar de color cuando se activa por una excitación externa. Su activación completa recurre a dos pasos:
Primero, se debe exponer el elemento AVALON a radiaciones UV de 365 nm y se observará que el dispositivo arroja fluorescencia azul.
Segundo, se raspa o presiona suavemente el elemento con un clip, una moneda o el borde de una tarjeta de crédito, y el elemento impreso se vuelve amarillo bajo los 365nm en las áreas donde ha sido excitado / activado.
Como todo elemento de seguridad que se usará en muchas oportunidades, el elemento vuelve a su estado inicial después de un tiempo (azul fluorescente bajo radiaciones UV).


GOGOL, un nuevo esquema de seguridad

El Gogol es un novedoso sistema de seguridad que consiste en certificar digitalmente los billetes mediante el uso de las características presentes en ellos. Este certificado permite la autenticación mediante una imagen digital del billete, y está destinado para escáneres, teléfonos celulares o cualquier otro dispositivo electrónico con una cámara digital y capacidades de procesamiento. 
Su primera aplicación fue en el billete mexicano de 100 pesos, conmemorativo de los 100 años de su Constitución Pública.


1.4.20

Alves dos Reis, el estafador

Nota aparecida en el diario ABC.
https://www.abc.es/historia/abci-alves-reis-falsificador-201202220000_noticia.html



Alves dos Reis, el joven que compró parte del Banco de Portugal con billetes falsos

Casi 90 años después, los expertos aún estudian cómo este falsificador consiguió hacer temblar las finanzas de su país y montar todo un imperio falsificando billetes de 500 escudos

Aunque han pasado casi 90 años, aún hoy los expertos en falsificaciones de todo el mundo estudian las andanzas de Artur Virgilio Alves dos Reis, un joven portugués de origen humilde que, harto de las desprecios sufridos en su juventud por su escaso poder económico, decidió hacerse rico mediante la falsificación de billetes de 500 escudos. Tantos que llegó a poner en circulación un total de 100 millones de escudos, el equivalente al 1% del PIB del país aquel año, hasta el punto de desestabilizar el mercado financiero y sembrar el caos en el Bando de Portugal, emisor oficial del dinero del país.


Lo más soprendente del caso es que tardó en construir todo este imperio delictivo en menos de cinco años, llegando a crear su propio banco y alcanzando las cotas más altas del poder económico y social de Portugal, antes de cumplir los 27.
Nacido en Lisboa el 3 de septiembre de 1898, es probable que Alves dos Reis sintiera desde muy joven la necesidad de enriquecerse lo más rápido posible, sin importar los medios. Quizá desde que vio como se quebraba la empresa de transporte de su padre o cuando sufrió la humillación de la familia de su primera esposa, que hizo todo lo posible por vetar su boda a causa de su inferioridad económica y social.
Es por ello que se marchó a Angola, por aquel entonces colonia portuguesa, para hacer fortuna. Allí llegó gracias a su primera falsificación: un diploma a su nombre expedido por una «prestigiosa» escuela de ingeniería que jamás existió, con el que obtuvo un puesto de técnico en un taller de reparaciones de trenes, donde destacó desde muy pronto. Pero él quería más, y al poco tiempo compró buena parte de las acciones de dicha empresa con un cheque sin fondos. Él chico no quería perder el tiempo.
El poder adquisitivo de Alves dos Reis dio un buen salto al revender las acciones, con las que obtuvo el dinero suficiente como para regresar a Lisboa, comprar otra empresa -esta vez de reventa de coches- y volver a montar otra jugada con cheques sin fondos con la que consiguió estafar a la compañía angoleña de ferrocarriles Ambaca unos cien mil dólares de la época. Pero aquella jugada no le salió bien y acabó con sus huesos en la cárcel, en 1924.


No pudo ser más rentable aquella estancia en prisión, porque ideó el plan con el que daría el golpe definitivo en su carrera criminal, dejando a un lado las operaciones de menor escala y atacando directamente al mismísimo banco de Portugal.
Nada más salir de prisión consiguió embaucar a una importante red de colaboradores, entre los que había embajadores y aristócratas, muchos de los cuales no sabían en lo que estaban participando, con los que consiguió establecer una sorprendente cadena de contratos simulados, cheques sin fondos, compras fraudulentas... todo en el breve lapso de tres años, entre los 24 y los 27 de su azarosa vida.
Pero su jugada maestra consistió en elaborar un contrato ficticio del Gobierno portugués que le permitió imprimir 200.000 billetes de 500 escudos, bajo el pretexto de qué debía cubrir una importante inversión de la Administración central en la colonia de Angola.



Aquel contrato, del que el Gobierno no tenía constancia, estaba plagado de firmas falsas de importantes cargos políticos. Pero la parte más espinosa consiguió salvarla por medio de su colaborador más cercano, José Bandeira, un aristócrata sin ocupación conocida que era hermano del embajador de Portugal en Holanda. A través de él consiguieron registrar aquel contrato falso en un notario y que fuera rubricado más tarde por los consulados de Alemania, Francia e Inglaterra. Y por si no fuera suficiente, Alves dos Reis tradujo el contrato a otros idiomas y falsificó la firma del administrador y el tesorero del Banco de Portugal, sin levantar sospechas.
Pero aún había que imprimir los billetes, para lo que acudieron a una empresa holandesa especializada en papel moneda (aclaración del editor del blog: en realidad Waterlow and Sons es de Inglaterra). En diciembre de 1924 le llevaron al propietario, William Waterlow, el contrato, pidiéndole discreción absoluta «por ser éste un asuto político de importancia».
Aunque Waterlow tuvo alguna pequeña sospecha, lo cierto es que terminó accediendo y un par de meses después recibieron la primera partida, a la que pidió después que le sobreimprimieran la palabra «Angola», para que quedara claro que iba destinada a la colonia, donde el fraude podría pasar más desapercibido.
Los billetes eran tan perfectos como los oficiales, hasta el punto de que muchos expertos aseguran que son tan auténticos como los oficiales, ya que lo único falso eran los contratos y firmas con los que se habían conseguido.
La cantidad total de dinero que imprimieron equivalió nada menos que al 1% del PIB de Portugal de aquel año. Y aunque Alves dos Reis sólo se quedó con el 25% de los billetes, fueron suficientes como para fundar en Luanda su propia entidad financiera -el «Banco de Angola y de la Metrópoli», que apareció en varios artículos de ABC- y comprar 9.000 acciones de las 45.000 que le hacían falta para controlar el mismísimo Banco de Portugal, con el único objetivo de esconder las pruebas de sus estafas.ABC: «La Policía se apoderó de billetes por valor de tres millones de escudos»
Pero su excesivo ritmo de vida, sus adquisiciones millonarias y las investigaciones iniciadas por el diario «O Século», el más importante de Lisboa, hicieron que comenzara a tambalearse su imperio. El corresponsal de dicho periódico comenzó a ver extraños negocios del banco de Alves dos Reis y, tras una exhaustiva investigación de meses, comprobó que el «banquero» actuaba por su cuenta y con dinero falso. Cuando «O Século» denunció el fraude en su edición del 5 de diciembre de 1925, Alves supo que todo se había acabado.
El Consejo del Comercio Bancario comprobó fácilmente que aparecían gran cantidad de billetes con los números repetidos. Y aunque Alves dos Reis trató de huir a Namibia, fue detenido poco después, según contaba ABC en su edición del 7 de diciembre de 1925, en un artículo titulado «Escándalo bancario en Portugal». «En Oporto la Policía se apoderó de billetes de banco por valor de tres millones de escudos, respecto a la autenticidad de los cuales existen dudas», decía.
La noticia dio la vuelta al mundo... Alves acababa de cumplir 27 años.

30.3.20

La falsificaciones a lo largo de la historia, cuarta parte, por Marcelo Gryckiewicz

Cuarta parte de un texto de Marcelo Gryckiewicz extraido de http://asambleademajaras.com/articulos/detalle_articulo.php?id_articulo=640.

Marcelo es coleccionista y autor de un libro sobre billetes rusos RUSSIAN BANK NOTES, muy recomendable.

Falsificaciones aliadas y del III Reich


El Proceso de Nüremberg fue un conjunto de procesos jurisdiccionales emprendidos por iniciativa de las naciones aliadas vencedoras al final de la Segunda Guerra Mundial, en los que se determinaron y sancionaron las responsabilidades de dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen nacionalsocialista de Adolf Hitler en los diferentes crímenes y abusos cometidos en nombre del III Reich alemán a partir del 1 de septiembre de 1939. En dicho proceso, la falsificación de monedas y billetes se consideró una acción de guerra lícita, lo cual equivalía a admitir implícitamente que también los Aliados habían recurrido a ella.



Precisamente Inglaterra inauguró, ente 1940 y 1941, las falsificaciones del segundo conflicto mundial.


IRAK Falsificación de billetes por el gobierno de su majestad Británica.

Es poco conocido lo sucedido durante la Segunda Guerra Mundial, en esta importante región del planeta rica en recursos minerales, por lo que haré este breve recuento.

Después de la caída de Francia ante el arrollador impulso de la Blitzkrieg, desde el 10 de mayo de 1940, Siria había quedado en manos del complaciente gobierno de Vichy, planteando una posible amenaza para los valiosos recursos petrolíferos, controlados por los británicos. En 1940, la situación empeoró al aumentar el sentimiento anti británico en el vecino Irak, bajo un gobierno probritánico, en Irak reinaba por aquellos años Faysal II, cuya política era conservadora y rigurosamente filobritánica, era una importante fuente de petróleo para los británicos, que también tenían bases de la Royal Air Force (RAF) en Habaniya. Pero el 3 de abril de 1941, Rashid Alí, un ministro descontento y ambicioso que había recibido ayuda de agentes alemanes, se hizo con el gobierno de Irak y pidió ayuda a Hitler.

Los alemanes aprovecharon rápidamente la oportunidad y enviaron ayuda militar a Irak a bordo de aviones de la Luftwaffe, que tenían que aterrizar en la Siria dominada por el gobierno de Vichy para repostar. Aunque la amenaza no era tan grande, las fuerzas británicas reaccionaron enseguida. El 17 de abril, se reunieron rápidamente tropas indias que aterrizaron en el sur de Irak para asegurarse los pozos petroleros (como vemos, las historias se repiten…). La brigada India, que encontró muy poca resistencia, avanzó hacia el norte controlando a su paso varios oleoductos. En mayo, la fuerza india había llegado a Bagdad y Habaniya, siendo atacada por fuerzas iraquíes. Después de un breve combate en torno al aeródromo, los iraquíes fueron derrotados y Rashid Alí voló al exilio. Se reinstauró el gobierno filobritánico de Nuri-es-Said; pero las tropas británicas permanecieron en la zona durante el resto del cinflicto, para garantizar la seguridad de los campos petrolíferos.

Con el fin de debilitar las fuerzas rebeldes, el gobierno de Londres mandó imprimir grandes cantidades de billetes falsos: no resultó difícil, dado que las emisiones de billetes auténticos corrían a cargo de la firma inglesa Bradbury, Wilkinson & Co.

¼ de Dinar Iraquí emitido en 1931 falsificado en 1941.




Una falsificación llevada a cabo por un gobierno paralelo en la clandestinidad. 
Es bien conocida en Europa Oriental la historia de la falsificación de billetes de la resistencia polaca, llevada a cabo por el propio por el propio gobierno general al principio, con ayuda de Londres luego. Estas falsificaciones se diferencian de los billetes originales solo en pequeños detalles. 
El 28 de septiembre 1939 alemanes y rusos se dividieron el territorio del estado polaco entre ellos. El III Reich incorporó parte del territorio directamente a la gran Alemania y con el restante dio origen al Gobierno General, dividido en cuatro distritos: Cracovia, Radom, Lublin y Varsovia, siendo Cracovia la capital. Luego de la invasión alemana a la Unión Soviética el territorio fue incrementado con los distritos de Lvov, Tarnopol y Stanislav. El gobernador general fue Hans Frank quien creó el 15 de diciembre 1939 el Banco Emisor de Polonia, institución con sede en Cracovia. Asimismo, se obligó a los polacos a depositar sus billetes de 100 y 500 zlotich, en circulación, que el 31 de enero de 1940 dejarían de ser moneda de curso legal en el Gobierno General. Mientras tanto, provisoriamente, fueron introducido en circulación billetes de 100 zlotych de 1932 y 1934 con una sobreimpresión que decía "Generalgouvernement für die polnischen Gebiete besetzten" (Gobierno General para los territorios ocupados de Polonia). Todos los billetes de Polonia de entreguerras, incluidos los que llevaban la mencionada sobreimpresión, dejaron de ser moneda de curso legal el 7 de mayo, y algunos de ellos, el 20 mayo de 1940. De más está decir que estos billetes sobre estampados con un sello de goma fueron rápidamente falsificados por el ejército polaco en la clandestinidad y también por “emprendedores” particulares, que llegaban a cobrar 50 zlotych por resellar un viejo billete de 100 con el sello apócrifo; la diferencia está en que los del gobierno polaco en la clandestinidad contactaron a personas que trabajaban en los bancos y de esta manera distribuían rápidamente los billetes por “canales oficiales”. Sin embargo, este primer intento de falsificación no tuvo resultados óptimos: el sello difiere bastante del original, y esto, sumado a que el valor del zlotych de ocupación se deprecio rápidamente, llevó a buscar nuevos caminos. 
La respuesta llegó con las nuevas emisiones de los alemanes para el Gobierno General. En el transcurso de su existencia en Polonia, el Banco Emisor puso en circulación dos series de zlotych: la primera edición, el 1 de marzo de 1940, con valores de 1, 2, 5, 10, 20, 50, 100 y 500 zlotych; y la segunda serie, el 1 de agosto de 1941 con valores nominales de 1, 2, 5, 50 y 100. Los billetes fueron diseñados por Leonard Sowińki, utilizando patrones de antes de la guerra. Por razones políticas los alemanes querían mantener la similitud visual de los billetes de ocupación para sugerir una “natural” continuidad del Estado, sólo el billetes de 500 zlotych llevaba una imagen completamente diferente. 
Los billetes fueron impresos primeramente en Viena. Originalmente una impresión se hizo en la planta de impresión del estado (Reichdruckerei Reich) en Berlín, pero debido al gran número de otras órdenes por parte del Reich, dicha planta no era capaz de realizar la impresión de los billetes en un plazo determinado. Así fue como la impresión se llevó a cabo en Viena, en ese entonces parte del III Reich. 
La naturaleza de la impresión, así como la fuente utilizada para la numeración de los billetes de banco, apunta a la impresora Giesecke & Devrient en Viena, una filial del Institut Giesecke & Devrient Typographisches en Leipzig. Probablemente, la imprenta del Estado (Staatsdruckerei) en Viena subcontrató a la empresa Giesecke & Devrient para efectuar el trabajo. La segunda emisión, del 1 de agosto de 1941, ya fue impresa en el Gobierno General. Los billetes de baja denominación facial se emitieron en la Obra Gráfica del Banco en Cracovia, mayor fue la impresión Staatsdruckerei und Munz (nombre polaco de Seguridad de Impresión de Obras S.A.) en Varsovia. Después de la destrucción de esta empresa durante el Levantamiento de Varsovia, se trasladó lo que quedaba de la misma a Cracovia. Los 10 zlotych de la serie final de 1940 (Ser. L., Ser. M., Ser. N), fueron impresos en Viena. A estos billetes de ocupación comunmente se los llama "młynarkami" por que fueron firmados por Félix Mlynarski, entonces presidente del banco emisor. 
La lucha armada clandestina contra los ocupantes requiere, por supuesto, dinero en serio. Con el objeto de financiarse, el Cuartel General de la Junta General (Gobierno en la clandestinidad) llevó adelante la producción de dinero falso de una manera organizada y con la participación de expertos. Esta decisión fue aprobada personalmente el General Grot Rowecki. Una “Unidad Especial” fue creada bajo el nombre de “DPB 17” (“departamento de producción de billetes” sería en mi opinión la traducción más acertada para la sigla polaca de Wydział Produkcji Banknotów). Su comandante era Mieczyslaw Chyżyński (seudónimo Pelka). El grupo incluía una sección técnica, bajo el liderazgo de Mariano Dudkiewicz (Heniek) y Kazimierz Wisniewski (Jurek); el fotógrafo principal era Stanislaw Stanczyk. 
Esta célula consistía en un total de 57 personas, con miembros que trabajaban en diversos sectores de la producción y guardias de dichos sectores, e incluía fábricas de papel en Mirków y en la prisión Mokotowskie. El trabajo de preparación duró alrededor de un año, principalmente en las secciones de la Universidad de la Calle 1 y 3 bis Narbutta, debido a la necesidad de ocultar la mayor parte del equipo de base, incluyendo litografía, que fue colocado en una casa en la calle Żulińskiego 3, en el tercer piso. Muchos alemanes vivían allí, cosa que convertía al domicilio en un lugar seguro dado que luego éstos no buscaron en sus propias narices. 
Las células de los miembros del “DPB 17” consiguieron los negativos de los billetes. Una vez lograda la adecuada preparación de la piedra litográfica, las copias fueron fieles reproducciones de los originales. Dicho proceso fue exitoso debido al trabajo de Mariano Dudkiewicz. La impresión se llevó a cabo en pequeña imprenta litográfica, llamada “hamburce”. 
Para la producción de billetes falsos se necesitaba, por supuesto, el papel con filigrana, marcas de agua, original. Este problema también fue resuelto mediante papel producido en las dos fábricas mencionadas, en las que existían miembros activos de la célula “DPB 17”. Los mismos, a pesar del control estricto de la producción, almacenamiento y distribución de papel, “conseguían” pliegos. El circuito se completaba gracias a que algunos de los que trasportaban el papel de la fábrica a la impresora, también miembros de la resistencia, se desviaban del trayecto oficial y dejaban el papel en distintos lugares. De allí era conducido por otros miembros del ejército clandestino a una imprenta secreta, cuyo “director” era Janina Sowinska (seudónimo N 1). 
Con el fin de preservar la apariencia de originalidad necesaria, la numeración de los billetes tenia que ser lo mas original posible; esto fue resuelto de la siguiente manera: los miembros del “DPB 17” robaron la combinación de la caja fuerte donde los alemanes guardaban los numeradores originales, y utilizaban la numeración original los sábados y domingos en su imprenta secreta. Numeración que antes de la mañana del lunes se encontraba siempre en su lugar. 
Este procedimiento se utilizó en los billetes de menor denominación. Los de 500 zloty se realizaron sólo en la calle Żulińskiego 3 y la impresión de Vladimir Cukrzyńskiego Marszałkowska la calle 71. 
La banda de los fajos de billetes falsos eran originales entregados directamente por personal que el “DPB 17” tenía en la casa impresora de las mismas. 
Luego, los miembros de la célula que trabajaban en las distintas sucursales del banco cambiaban billetes originales por los falsos, que de esta manera entraban en circulación por canales legales. 
Incluso se sustituían los billetes falsos por billetes deteriorados que iban a la destrucción. De esta manera, todo rastro de los billetes falsificados se perdió para siempre. 
Así la Organización no se expuso a la sociedad, y evitó represalias por parte de los ocupantes. 
La acción se prolongó hasta finales de 1942, cuando se dejó de falsificar. Esta decisión fue tomada por varias razones. 
En primer lugar, el hecho de que en Varsovia comenzó existir un creciente número de billetes falsos producidos por diferentes personas. Por lo tanto, los controles nazis se incrementaron. 
El gobierno clandestino no se podía permitir la detección de los lugares de falsificación ya que las mismas imprentas emitían cupones de alimentos y zapatos, vales para hierro, y los Kennkarten (salvoconductos alemanes), tarjetas de la Gestapo, etc., para las actividades de la Junta General. 
Por ello se decidió a finales de 1942 abandonar la producción de billetes y enviar todo lo necesario para la producción hacia al Reino Unido. 
Para imprimir billetes se mandaron negativos de 50, 100 y 500 zloty y las diferentes fases, así como muestras para realizar la filigrana en el papel realizadas en yeso, procedentes del tambor original. Para obtener dichos negativos, los miembros del “DBP 17” simularon un desperfecto por el cual había que retirar momentáneamente el cilindro para su reparación, y de esta manera obtuvieron el molde. También enviaron a Londres muestras de la pintura original. 
Todo arribó exitosamente a destino, como lo demuestra el hecho de que en mayo de 1943, comenzaron a llegar billetes realizados en Londres. Para 1944 se habían recibido de esta manera más de 15 millones de zloty de Inglaterra, mayoritariamente billetes de 500 y 100. Hasta finales de agosto de 1944 fueron puesto en circulación alrededor de 12 millones de zloty así obtenidos. Sin embargo, una auditoría realizada por especialistas alemanes de la Emisyjny Banco en Cracovia detectó una fuente de distribución de las falsificaciones. Los sospechosos fueron detenidos y comenzaron las investigaciones. 
Había una gran cantidad de material cuestionable. La alta calidad de los billetes hacía difícil distinguir los originales de los falsos. Solo se sabía que estos últimos comenzaban con 12 o 13; así, todos los billetes de 500 zloty que empezaban con esos números fueron retirados de la circulación por tomarlos como "ingleses". Algunos de ellos fueron sellados y distribuidos a sucursales bancarias de las administraciones públicas como ejemplos de productos falsificados; el resto fueron destruidos. Hoy en día esos billetes son raros. 
Tan alto fue el grado de profesionalismo y secreto del “DBP 17", que se estima su producción total en más de 18 millones de dólares.

Billete de 100 Zlotych de ocupación 1939

Billete de 500 Zlotych de ocupación 1940


Espero que el caso aquí descrito resulte interesante para los fans de los antiguos billetes. Es un recordatorio histórico de que la guerra se pelea en varios frentes.

Bibliografía:
Enciclopedia Salvat de la Segunda Guerra Mundial.

Las falsificaciones a lo largo de la historia, tercera parte, por Marcelo Gryckiewicz

Tercera parte de un texto de Marcelo Gryckiewicz extraido de http://asambleademajaras.com/articulos/detalle_articulo.php?id_articulo=640.
Marcelo es coleccionista y autor de un libro sobre billetes rusos RUSSIAN BANK NOTES, muy recomendable.



Falsificaciones de Moneda en la Historia, tercera parte

Proletarios del mundo... A falsificar!!!

Desde el primer estado socialista se falsificó moneda para combatir a la contrarrevolución y derrotar al capitalismo.

El 20 de noviembre de 1917 el banco del Estado ruso fue ocupado por destacamentos armados porque sus empleados se habían negado a entregar fondos a quienes consideraban como una banda ilegal de intrusos que se auto designaba “consejo de comisarios del pueblo”. El 27 de diciembre todos los bancos privados fueron nacionalizados y (junto con el banco del Estado) fundidos en el banco popular de la República Rusa. Las nuevas autoridades siguieron emitiendo durante los últimos meses de 1917 y principios de 1918 los billetes zaristas y del gobierno provisional sin modificaciones (en algunos de ellos se puede apreciar que los colores son un poco más claros). Después del tratado de Brest-Litovsk (marzo de 1918) comienza la Guerra Civil Rusa. Durante este período inicial, las fuerzas bolcheviques contaban con la emisión de moneda en San Petersburgo. Las regiones rebeldes, para autofinanciarse, deciden emitir sus propias monedas ante la invasión en sus zonas de rublos de origen soviético, que en nada podían diferenciarse de los anteriores a la revolución.

El primer intento lo tenemos en la región del norte de Rusia, bajo un Gobierno Blanco (región de las Ciudades de Murkman, Arcángel y Onega), que decide perforar sus billetes zaristas con la sigla "ГБСО" (Государственный Банк Северной Области –Banco Estatal de la región del Norte) con fecha 14 de abril de 1919, para así evitar que billetes de la zona controlada por los rojos circulara en su región y causara mas inflación. La perforación se realizó con prensas de mano y con agujas de diferentes diámetros. De más está decir que fue muy fácil de falsificar, y los soviet se abocaron a perforar cuanto billete pudieron. Esto provocó que rápidamente se emitieran nuevos billetes en dicha zona Norte.



Situación de las ciudades de Múrmansk y Arcángel con gobierno
propio anti soviético durante la guerra civil rusa.


Billete zarista con perforación


Detalle de la perforación.

Cuando los falsificadores son contratados por el estado: el caso de la República de las montañas del Cáucaso del Norte.


Durante el caos monetario que se produjo a raíz de la Guerra Civil Rusa, muchas regiones que trataron de independizarse de Moscú emitieron su propia moneda. Un caso interesante fue el de la República de las montañas del Cáucaso del Norte, que incluyó la mayor parte del territorio de la antigua Óblast – distrito - de Terek y Óblast de Daguestán del Imperio Ruso, que actualmente forman las repúblicas de Chechenia, Ingushetia, Osetia del Norte-Alania, Kabardino-Balkaria, Daguestán y parte de Stávropol Krai -región- de la Federación de Rusia. Dicha república tenía una superficie total de alrededor de 70.000 kilómetros cuadrados (unos 2.000 kilómetros menos que la provincia argentina de Formosa y apenas 200 kilómetros menos que la República de Irlanda) con una población estimada, en ese entonces, de un millón de habitantes. Su capital fue inicialmente Vladikavkaz, a continuación, Nazran, y finalmente, Temir-Khan-Shura. Aquí se da el único caso conocido en que un estado emplea a falsificadores profesionales para crear su propia moneda. La historia cuenta que una vez proclamada la república oficialmente el 11 de mayo de 1918 y reconocida de jure por los Imperios Otomano y Alemán, y las Repúblicas de Azerbaiyán, Georgia y Popular de Kuban, el nuevo estado se dio a la tarea de darse una nueva moneda y así paliar el caos de circulante en la región. En un principio se resellaron billetes de la República de Terek, que habían comenzado a circular en la región, pero rápidamente se comprendió que dicho resello podía ser fácilmente falsificado, y se decidió imprimir moneda propia. Al carecer la república de personal idóneo a tales fines, no tuvieron mejor idea que echar mano a dos falsificadores que se encontraban en la cárcel de la región condenado por las autoridades zaristas por haber intentado falsificar rublos. Fue en Vedeno (en ruso Ведено), una localidad a 55 kilómetros de Grozny, donde funcionó la casa de la moneda de la República. Los falsificadores pusieron manos a la obra y emitieron nuevos billetes de 5, 25, 50, 100, 250 y 500 rublos. Al ver estos billetes se entiende por qué sus autores se encontraban en la cárcel. Los diseños son toscos y burdos. Esto, sumado a que se llegó a utilizar papel de cuaderno para imprimirlos, no hizo muy populares a estos billetes. Igualmente, el Ejército Rojo arrasó con la República de las montañas del Cáucaso y sus billetes son hoy piezas de colección.




Billetes de la república del Cáucaso del norte primero en papel “normal”
y en el segundo se puede ver el papel utilizado ¡hojas de cuaderno!



Verdaderas Falsificaciones


Los Soviéticos no solo se dedicaron a emitir sus propios billetes y “colarlos” en territorio enemigo fuera de su control, sino que se dedicaron a falsificar moneda ajena. Tal es el caso de las repúblicas bálticas en 1919. Tanto en Letonia como en Estonia se produjeron falsificaciones de los primeros billetes emitidos por las jóvenes repúblicas. El caso de Estonia fue más burdo, pero en Letonia se dio el caso de un muy buen grado de falsificación; algunos billetes de 500 rublos solo se pueden distinguir porque son distintos los números de serie; este “error” sería rápidamente corregido por los soviet. Hoy en día, solo un ojo experto puede identificar un billete original de uno falso.



Billete Letón de 500 Rublos ¿real falso? Solo un ojo experto puede detectarlo.

Las “Palas” ucranianas: ¿falsificación o no?
Ucrania fue enteramente ocupada en la Primera Guerra Mundial por los alemanes y austríacos. En el tratado de Brest-Litovsk, firmado el 3 de marzo de 1918, el gobierno ruso aceptó la independencia de Ucrania, que se convertiría en estado títere de las potencias centrales. Para hacer frente a las necesidades de las tropas de ocupación, desde del 6 de abril de 1918 se emiten nuevos billetes en dos centros a la vez: Kiev, para los alemanes y Odesa, para los austro-húngaros. Estos billetes, los karbovanetz, fueron conocidos popularmente como “palas”, por la figura de un campesino con una pala a su izquierda. Con la finalización de la Primera Guerra Mundial, tropas francesas y griegas desembarcan en Odesa en febrero de 1919, para “restaurar el orden” en la región y, como no veían con buenos ojos a los nacionalistas ucranianos que habían obtenido su “libertad” de los alemanes, dieron el mando de la ciudad a los seguidores del gobierno blanco de Denikin, que peleaba contra los rojos por una Rusia grande, única e indivisa como dicen sus billetes. Las fuerzas de ocupación francesas, al entregar la ciudad a los blancos, también les dieron la imprenta en la que se realizaban las “palas”. Aquí las nuevas autoridades se encontraron con el cliché del billete de 50 karvobanetz, y los siguieron emitiendo a partir de la serie 210 (se debe aclarar que estos billetes se emitían por series y no numeración individual, es decir se realizaban 1 millón de billetes con el mismo número por serie). El gobierno de la república ucraniana declaró FALSOS e ilegales estos billetes. El gobierno blanco de Odesa caería en manos de los rojos el 6 de abril de 1919, y las nuevas autoridades siguieron emitiendo los mismos billetes, en series cuyos números fueron del 236 al 250. ¿Cuál fue el resultado de declarar falsas e ilegales dichas emisiones? Simplemente la gente dejó de aceptar cualquier “pala”, llevando el descrédito a toda la emisión.



Territorio ocupado por tropas de los imperios centrales
después del tratado de Brest-Litovsk y detalle de una “pala”.





Solo la numeración distingue estas 3 ediciones en “Ucraniana”, “Blanca” y “roja”.

Fuentes

Rusian Bank Notes 1895-2003 Marcelo Gryckiewicz.

Conocer y coleccionar monedas y billetes de todo el mundo Editorial: Planeta De Agostini (1996)

Las falsificaciones a lo largo de la historia, segunda parte, por Marcelo Gryckiewicz

Segunda parte de un texto de Marcelo Gryckiewicz extraido de http://asambleademajaras.com/articulos/detalle_articulo.php?id_articulo=640.
Marcelo es coleccionista y autor de un libro sobre billetes rusos RUSSIAN BANK NOTES, muy recomendable.

Falsificaciones de moneda en la historia, segunda parte.

Al inicio de la Guerra Civil en Estados Unidos Samuel C. Upham, un imprentero y comerciante de Filadelfia, comenzó a comercializar artículos patrióticos para apoyo de la Unión, y artículos de 'novedad' burlándose de la Confederación, tales como caricaturas que representan la cabeza de Jefferson Davis en el cuerpo de un burro. En febrero de 1862 adquirió una muestra de dinero confederado y rápidamente comenzó a producir sus propios billetes falsos.
La Guerra de secesión en Estados Unidos o de cómo un empresario puede hacerse millonario con complicidad del estado.
Al inicio de la Guerra Civil en Estados Unidos Samuel C. Upham, un imprentero y comerciante de Filadelfia, comenzó a comercializar artículos patrióticos para apoyo de la Unión, y artículos de “novedad” burlándose de la Confederación, tales como caricaturas que representan la cabeza de Jefferson Davis en el cuerpo de un burro. En febrero de 1862 adquirió una muestra de dinero confederado y rápidamente comenzó a producir sus propios billetes falsos. Su primera edición constaba de 3.000 billetes de cinco dólares, cada uno estampado en la parte inferior con las palabras: "Facsímil de la Confederación - Venta al por mayor y al por menor por SC Upham calle 403 Chestnut, Filadelfia." Él vendió su primer lote a un centavo por copia. Contrabandistas de algodón en el sur rápidamente comenzaron a comprar los billetes de Upham, recortando la parte inferior del billete. A finales de 1862 Upham vendía veintiocho variaciones de denominaciones de billetes de la Confederación y los sellos de correos, con la venta de billetes de cinco centavos cada uno. En algún momento Upham también cambió el papel de los billetes de alta calidad para sus falsificaciones.
En 1862 Upham fue investigado por funcionarios de la Unión para averiguar si se estaba dedicando a la falsificación de moneda del norte también. Upham negó rotundamente esta afirmación, pero probablemente habría ido a juicio de no ser por el Secretario de Guerra de la unión >Edwin Stanton> quien intervino personalmente para desestimar el caso. Algunos teóricos de la conspiración afirman que fue la fuente que facilitó a Upham papel de buena calidad para la confección de sus billetes, en un esfuerzo deliberado para desestabilizar la economía de la Confederación.
El Congreso de la Confederación respondió a la inundación de billetes falsos mediante la imposición de la pena de muerte a falsificadores. Upham más tarde se jactaba de que la Confederación puso una recompensa de 10.000 dólares por su captura, vivo o muerto (Esto equivaldría hoy a mas de 1 millón de dólares). El Senador, Henry Stuart Foote en un discurso ante el Congreso confederado, en Richmond, en 1862, dijo que “Upham había hecho más daño a la causa de la Confederación que el general McClellan y su ejército ..." .
Upham más tarde afirmó que había "impreso desde el 12 de marzo de 1862, al 1 de agosto de 1863, un millones quinientos sesenta y cuatro mil billetes Rebelde, de las denominaciones que van desde cinco centavos de dólar a cien dólares, y esto supondría que la suma en dólares y centavos, ascendería a la cifra redonda de quince millones de dólares". Algunos análisis moderno estimar que su dinero confederado falsas ascendió a entre 0,93% y 2,78% del circulante de la Confederación.
Al final de la guerra otras impresores estaban haciendo y vendiendo sus propios billetes falsos, lo que provocó que Upham “bajara” sus precios. Los sureños en gran medida evitaron sus propios billetes llegando el caso de soldados que exigían ser pagados con dólares de la union!!!.
Upham suspendió su “negocio” a finales de 1863 volviendo a la venta de papelería, perfumes y tintes de cabello. Sus billetes se siguen utilizando en el sur devastado por la guerra por soldados de la Unión y otras personas después de que cerrara su negocio.
Cuando Upham murió de cáncer de estómago en 1885, un misterio no de menor importancia se produjo sobre el paradero de su riqueza. Su propiedad fue valorada en $ 4,889.97, producto de la venta de billetes confederados. El producto de su operación de falsificación no se ha encontrado esto lleva a la hipótesis de sostener que aquello que empezó como “una simple broma” para Upham al falsificar burdamente billetes confederados lo llevo a ser el testaferro de la maquinaria del norte para minar la economía del sur.

Primera Falsificación Burda

Falsificación Óptima de Upham

Escudo del África Oriental Alemana



Los británicos al ataque del África oriental Alemana.

Al comienzo de la primera guerra mundial Inglaterra decide asestar un golpe a la economía de las colonias alemanas falsificando rupias del “Deutsch Ostafrikanische Bank” La institución que emitía para el África Oriental Alemana ( hoy Tanzania, Burundi y Rwanda) Los Billetes, al ser de emergencia, eran rudimentarios y no presentaban mayores problemas a la falsificación pero los falsarios británicos cometieron un groso error al no notar que las firmas de dichos billetes eran manuscritos y simplemente las imprimieron todas iguales. Al no tener demasiada ingerencia las colonias de ultramar del imperio Alemán dado que quedaron aisladas y abandonadas a su propia suerte al comienzo de la contienda esta “estafa” no prospero. Al haber sido vencida Alemania en la Primera Guerra Mundial la falsificación de rupias fue silenciada por el gobierno de su majestad, han quedado, eso si, testigos de ese intento de falsificación por parte de un estado para quebrar la economía de otro.

Rupia Original

Rupia Falsa

Marcelo Gryckiewicz

Fuentes

Conocer y coleccionar monedas y billetes de todo el mundo Editorial: Planeta De Agostini (1996)

Las falsificaciones a lo largo de la historia, primera parte, por Marcelo Gryckiewicz

Primera parte de un texto de Marcelo Gryckiewicz extraido de http://asambleademajaras.com/articulos/detalle_articulo.php?id_articulo=640.
Marcelo es coleccionista y  autor de un libro sobre billetes rusos RUSSIAN BANK NOTES, muy recomendable. 


Falsificaciones de Moneda en la Historia: Primera Parte.
A lo largo de la Historia podemos encontrar falsificaciones de todo tipo de monedas, pero es con la aparición de la moneda fiduciaria de papel donde más se presta a la intervención del falsario. El presente articulo al igual que los siguientes no pretende hacer un raconto de falsificaciones particulares sino de demostrar como existió, a lo largo de la historia, el sentido de guerra económica y como se vio la manera de hacer caer al enemigo minando la fe en su moneda.


A lo largo de la historia la moneda fue falsificada, así que tenemos que mencionar las monedas forradas del imperio romano, para las cuales se utilizaba un “alma” de metal bajo la que se recubría con una pequeña lamina de plata. Estas laminas cuando eran demasiado bajas saltaban dejando ver el metal mas bajo de su interior. Es de hacer notar que no solo Roma “sufrió” a los falsificadores, también se encuentran monedas forradas en las Polis griegas, el imperio persa y Bizantino.

Resumiendo: a lo largo de la Historia podemos encontrar falsificaciones de todo tipo de monedas, pero es con la aparición de la moneda fiduciaria de papel donde más se presta a la intervención del falsario. El presente articulo al igual que los siguientes no pretende hacer un raconto de falsificaciones particulares sino de demostrar como existió, a lo largo de la historia, el sentido de guerra económica y como se vio la manera de hacer caer al enemigo minando la fe en su moneda.
Napoleón Bonaparte, Un Adelantado…. Es harto conocido por todos las dotes de gran estratega que poseyó este corso devenido en emperador de los franceses, sin embargo no esta tan difundida su habilidad por tratar de poner de rodillas a las economías de los imperios mas fuertes contemporáneos como Austria y Rusia.
Austria Primera Víctima:
Uno de los factores que ayudo a hacer del Imperio de los Habsburgo uno de los Estados más poderosos de Europa durante la era prenapoleonica, fue su estructura financiera es decir el Wiener Stadt Banco, el banco central del Imperio Austriaco, con sede central en Viena. A partir de 1759, el erario pudo contar con los Banco-Zettel, o sea los billetes de banco de 10 y 20 gulden (florines), seguidos, en las series más completas impresas en 1762, 1771, 1784 y 1796, con valores de 5, 10, 25, 50, 100, 500 y 1.000 gulden. Inicialmente, los billetes fueron acogidos favorablemente por la población. Luego, la guerra con Francia requirió ulteriores emisiones, que causaron su consiguiente pérdida de valor pero no de prestigio. En los primeros años del siglo XIX, Napoleón golpeó la solidez de los Banco Zettel, y con ello a las finanzas de los Habsburgo. En 1806, tras la victoria de Austerlitz sobre rusos y austríacos, Napoleón pergeño la posibilidad de llevar a la ruina a sus dos grandes rivales, por medio de la falsificación de su papel moneda. El Emperador de los Franceses con agudeza observo que Austria, pese a lo oneroso de su esfuerzo bélico, lograba mantener una sana administración financiera. Esto se debía a la notable eficacia y rectitud de los responsables del Stadt Banco de Viena, y de los financieros austríacos, que actuaban en sintonía con los objetivos del gobierno. Se convenció que atacando las finanzas de Viena podría poner de rodillas a los Habsburgo. Luego de haber ocupado Viena, Napoleón puso al frente del Stadt Banco a funcionarios austríacos, pero como gobernador de la capital nombró al general Ciarke, duque de Feltre.
Los gulden falsos de Napoleón


5 Gulden Del Wiener Stadt Banco. de 1806

Napoleón introdujo luego en el banco algunos espías, que en breve tiempo consiguieron sonsacar todos los conocimientos técnicos necesarios para la fabricación de los BancoZettel. Todas las noches, los falsos obreros franceses se introducían en los talleres del banco, estudiaban la maquinaria y mandaban a París las instrucciones necesarias para la fabricación de réplicas. En la capital francesa coordinaba la operación Fouché, el astuto jefe de la policía napoleónica, que había organizado la sede de las falsificaciones en un piso del número 25 de la rue de Montparnasse. El asunto se mantenía en tal secreto, que se produjeron dos episodios curiosos. Primero, el prefecto de París y luego el comisario de policía del distrito denunciaron los extraños movimientos en el piso al propio Fouché, que ordenó a todos la máxima reserva. Hubo de intervenir incluso Napoleón en persona, y con una orden reservada prohibió a cualquier persona entrar en el edificio. Al jefe de los grabadores, el parisino Lale, se le proveyó de un salvoconducto en el que constaba la prohibición a todos los funcionarios de policía de efectuar investigaciones sobre su persona. Este verdadero artesano de la falsificación dispuso veinticuatro planchas de grabar, de cobre, cada una de las cuales podía imprimir hasta 6.000 billetes de banco perfectos. Los billetes se, ”envejecían” a continuación, frotándolos con una escoba sobre un pavimento cubierto de polvo. Los falsificadores de las firmas lograban reproducir un millar todos los días. La emisión del 1 de enero de 1800 fue completamente falsificada, excepto el valor de 50 gulden. Todavía hoy son bastante comunes los billetes del Banco de Viena, y resulta difícil distinguir los falsos. El hecho de que sólo el billete de 50 gulden sea raro, confirma la enorme cantidad de las falsificaciones napoleónicas. Aunque estaban disponibles desde hacía tiempo, Napoleón aguardó el momento oportuno para introducir los billetes falsos en Austria, momento que llegó en 1809, después del armisticio de Znojmo. Los franceses distribuyeron 400 millones de billetes falsos, lo que representó un golpe durísimo para la economía imperial. La cuestión de las falsificaciones fue incluso discutida entre Metternich y Napoleón en los acuerdos para el matrimonio de este último con María Luisa, hija del emperador Francisco I. El canciller austríaco pretendía la restitución de la maquinaria, pero Napoleón se negó, aunque se comprometió a no imprimir más billetes, con tal de que por parte austríaca no se divulgaran noticias sobre las falsificaciones.

Segunda Víctima: Rusia Falsificación de las assignatsiiLa experta mano de Lale volvió a servir a los grandes proyectos de Napoleón, que estaba haciendo planes para la guerra con Rusia. Las assignatsii rusas ya se falsificaban en 1807, pero cuando la invasión fue un hecho, la producción se reanudó a ritmo .
En 1812 se encargaron a Lale más de ochocientas planchas de cobre, y para la impresión se le facilitaron no menos de veinticinco prensas. La falsificación de los rublos era mucho más fácil que la de los billetes austríacos: los falsos son hoy fácilmente reconocibles, pues las firmas se reproducen en facsímil, y por tanto están impresas con la misma tinta que el resto del billete.

Billete de 25 rublos de 1811 falsificado por Napoleón.

Las firmas en cambio, como se estampaban con pluma, al, cabo de poco tiempo adquirían un color marrón claro. Gracias a la falsificación de rublos, Napoleón obtuvo notables ventajas: ante todo, podía esperar con fundamento poner de rodillas la economía rusa porque, pese a que los gobernantes estaban al corriente de estos planes, la mayoría de la población, campesina y analfabeta, no estaba en condiciones de reconocer los billetes falsos. Además, su uso facilitaba los aprovisionamientos del ejército francés, por que los pertrechos se adquirían con billetes falsos directamente en cada lugar. Esta circunstancia, entre otras, presentaba al invasor francés como fraterno y honrado, el cual no se encontraba en Rusia para depredar, sino para aportar los ideales de libertad e igualdad, amén de buenos rublos. Los campesinos no entraban en sospechas cuando eran pagados con billetes recién salidos de las prensas; antes bien, los aceptaban de muy buen grado.

La operación, sin embargo, triunfó sólo parcialmente, debido a la incompleta difusión de los billetes falsos y, sobre todo, a la derrota sufrida junto al Beretziná. En 1814 los rusos entraron en París y trataron de localizar el lugar donde operaba Lale, quien, fiel a Napoleón hasta la muerte, había logrado trasladar todo su equipo técnico a Tours. Incluso después de la muerte del emperador, Lale rechazó notables sumas a cambio de la publicación de sus memorias.
Tanto Austriacos como Rusos se cuidaron muy bien de que las falsificaciones de Napoleón no salieran a la luz, la razón fue que de haberse enterado el publico hubiera causado pánico y con él el consiguiente descredito de las monedas, ante la duda no se aceptó que la moneda del estado fue victima de falsificación. ¿Que hicieron ambos? Absorbieron los billetes falsos en su economía.
A sabiendas de lo que la falsificación podía causar en la economía domestica, Napoleón estableció duras condenas para los falsificadores, considerados enemigos de la patria: quince años de cárcel, ”con cadenas”, y marca con hierro al rojo con la letra F (falsificateur falsificador) en el hombro de los culpables.


Ironía: Billete de 100 Francos Francés de 1963 con la imagen de Napoleón Bonaparte y el artículo 139 del código penal que advierte la imposición de trabajos forzados a quien falsifique billetes de banco.

Marcelo Gryckiewicz.

Fuente: Conocer y coleccionar monedas y billetes de todo el mundo Editorial: Planeta De Agostini (1996)



Las falsificaciones en Córdoba, Argentina

Este es un texto aparecido en marzo de 2016 en el Diario Alfil de Córdoba, Argentina, autor Víctor Ramés. Recuperado http://www.diarioalfil.com.ar/2016/03/04/el-puntilloso-don-del-falsificador/

El puntilloso don del falsificador
La aparición de billetes falsos en Córdoba, en 1897, justifica hilar datos hasta llegar a ese episodio contado por el diario La Libertad.
Autor: Víctor Ramés


El dinero que circulaba en la Argentina durante los primeros años de la nación independiente consistía en monedas acuñadas en Potosí y en Lima, y papeles de tipo pagarés originales firmados por el emisor, que fueron la primera forma del “papel moneda” del país. Su forma bancaria fue emitida por el Banco de Buenos Aires y sólo un año después de la puesta en circulación de billetes oficiales de 1, 3 y 5 pesos (grabados por José Rousseau, un francés) se descubrieron en Buenos Aires las artes minuciosas de un falsificador. Con fina artesanía, el joven calígrafo y grabador Marcelo Valdivia imprimió billetes tan buenos que hasta los empleados del banco contribuyeron a su movimiento. Descubierta la estafa, Valdivia fue condenado a muerte, pero el color le volvió al rostro cuando se le conmutó la pena por ocho años de prisión. La historia es mencionada por José Antonio Wilde en su libro “Buenos Aires desde 70 años atrás”. El final no fue feliz: el joven preso se arriesgó a falsificar una orden de libertad y, descubierto otra vez, fue la primera persona ejecutada por ese delito, en 1825 en la plaza de Retiro.
Para hacer imposible, o al menos muy difícil su falsificación, se decidió desde 1827 encargar la emisión de billetes a otros países, particularmente los Estados Unidos, en condiciones de brindar ilustraciones de mayor complejidad y un proceso de impresión con planchas de acero. Los primeros circulantes en papel de la Argentina llevaron los rostros de héroes de la Independencia americana, retratos de Jorge Washington, Thomas Jefferson o Simón Bolívar. San Martín no se encontraba entre las opciones.
Casas de monedas inglesas y norteamericanas proveyeron desde entonces de billetes a los bancos argentinos públicos y privados por el resto del siglo XIX y la mitad del XX, ya que recién en 1951 se producirían los primeros billetes en el país. Desde 1881 la moneda argentina fue unificada, y en 1887 se puso en vigencia la Ley de Bancos Garantidos, que autorizaba a los bancos a emitir moneda con respaldo del gobierno nacional. La Ley 3.505, de septiembre de 1897, autorizó a la Caja de Conversión a renovar la moneda circulante y surgió el diseño de una alegoría del Progreso, serie que estuvo en vigencia desde 1899 hasta 1942. Hasta la aparición de esa serie, una gran variedad de billetes circuló en el país, emitidos por el Banco Nacional, por el Banco de la Provincia de Buenos Aires, por las provincias, por los Bancos Nacionales Garantidos y por la Caja de Conversión.
En 1897, cuando estaban en vigencia los papeles emitidos por la Caja de Conversión, que circularon de 1895 a 1899, el diario La Libertad de Córdoba traía noticias sobre la falsificación de billetes de 50 pesos. Cedemos el resto de la página a esa historia, que se destapa en esta ciudad en noviembre de aquel año.
“Biletes Falsos
La Pesquisa
Desde hace varios días teníamos conocimiento que la policía por intermedio de la oficina de pesquisas, seguía las averiguaciones de algo interesante, pero a fin de no entorpecer la acción policial hemos guardado silencio hasta hoy.
Se trata de la circulación de una buena cantidad de billetes falsos de 50 pesos, de los cuales han sido secuestrados 25.
He aquí cómo sucedieron las cosas desde el primer momento.
El día viernes de la semana pasada se presentó a la oficina de pesquisas el señor Marcos Juárez Revol, denunciando que pocos momentos antes en la casa del negocio del señor Javier Álvarez sita en la calle Rivadavia, habían pretendido cambiar un billete falso de 50 pesos, siendo los autores tres sujetos de aspecto campesino.
Un instante después de esta denuncia, y cuando la oficina de pesquisas se preparaba a iniciar las averiguaciones del caso, se presentó el señor R. González, dependiente del señor Javier Álvarez, acompañando a los tres desconocidos a que hiciera referencia el señor Juárez Revol, y ue habían sido detenidos por un vigilante de facción en la calle Rivadavia a pedido del dependiente señor González.
Los detenidos eran tres, Petronilo Tallolas, N.N. y N.N. estos últimos vecinos de Alta Córdoba.
Interrogados que fueron, resultó que quien poseía los billetes era Tallola, uno de los tres y el mismo al que al registrársele las ropas se le encontraron 25 billetes de 50 pesos falsificados.
Interrogado Tallola acerca de su domicilio y de la procedencia de los billetes, dijo que acababa de llegar de la provincia de Santa Fe, y que en esa provincia en el paraje denominado San José de la Esquina, próximo a Cañada de Gómez, un sujeto español de nacionalidad, llamado Eeuterio Ortiz, le había dado los billetes falsos en cuestión.
Sobre Ortiz, el detenido Tallola ha dado también otros antecedentes y fijado puntos que aquel sabe frecuentar, por lo que si resulta verdad la tal declaración, o es difícil que dicho sujeto haya sido detenido ya; pues la policía de esta ciudad, sin pérdida de tiempo, se ha puesto al habla con la de Santa Fe, y hay fundadas esperanzas de que se lleve adelante la pesquisa hasta dar con la procedencia de la falsificación, puesto que Tallola no es más que un simple circulador de los billetes.
Según algunas otras averiguaciones que se han hecho,ha llegado a saberse que Petronilo Tallola no es tal, sino Pedro Antonio Robledo, vecino de la provincia de Santiago del Estero, y que no es de antecedentes muy limpios.
En cuanto a los sujetos N.N. y N.N., que acompañaban a Tallola, han sido puestos en libertad, por resultar que estos ignoraban que los billetes que aquel poseía eran falsos.
A más de los billetes falsos secuestrados al circulador, se le encontraron 12 pesos en buena moneda.
Petronilo Tallola con todos los antecedentes del caso fue puesto ayer a disposición del juez nacional de sección.
(…)
Estos, como decimos más arriba, son de 50 pesos y tienen notable parecido con los legítimos, salvo en la claridad de las tintas, siendo la de aquellos almo más pálida que la de estos últimos. Otra deficiencia es que los primeros con el uso se decoloran fácilmente, según se ha visto por uno de los billetes secuestrados que servía de envoltura a los demás.”

21.3.20

Czeslaw Bojarski, el falsificador solitario


En estos días no es frecuente encontrarse con falsificaciones de billetes que contengan sistemas de impresión tradicionales y papel con buenas imitaciones de medidas de seguridad. Suelen haber casos de billetes impresos en offset o serigrafía, pero la gran mayoría de los casos transporta impresiones digitales: inyección de tinta, láser color y en el mejor de los casos impresión láser con tóner líquido.
Quizás los "superdólares" sean el último registro de falsificaciones realizadas siguiendo los estándares de la industria de la seguridad documental. Un tipo de falsificación que aún sobrevive, aunque a nivel mito. Si hoy nos encontráramos con una falsificación de ese nivel pensaríamos que detrás de su producción está el crimen organizado o un estado.
Pero claro, no siempre fue así. En la era AFC (antes de la fotocopiadora color) existía una tradición de falsificadores que empleaba toda la parafernalia de la industria gráfica para realizar billetes que de tan similares a los auténticos, sólo eran detectados a nivel pericial.
Uno de esos falsificadores fue Czeslaw Bojarski, un inmigrante polaco que se asentó en las afueras de París y que producía "mejores" billetes que los del Banco de Francia, con la particularidad de que gran parte de su vida de falsificador la hizo de manera solitaria, sin ayuda de nadie.

Bojarski y sus falsificaciones

Nacido en 1912 en Lancut, Polonia, Bojarski se graduó de ingeniero civil y arquitecto, y era un inventor prolífico: diseñó sillas giratorias, cepillos de dientes, lápices de plástico, cápsulas de café, modelos de navajas, entre otros productos. Para producir sus inventos abrió su propia fábrica, Obtura, pero quebró antes de patentar sus inventos. Así, sin un billete en el bolsillo, tuvo una idea: una casa de moneda en su propia casa.
En el sótano de su casa Bojarski preparaba las tintas para la impresión, producía el papel con fibras de algodón y marca de agua, grababa las planchas de calcografía y luego imprimía en una improvisada prensa calcográfica y el resto del diseño en tipografía. Luego, él mismo, se encargaba de colocar los billetes en el mercado.
Con paciencia y habilidad fue convirtiéndose en un gran falsificador: comenzó su carrera en la década  de 1950 con las falsificaciones del billete de 1000 francos, y ya para 1958 realizaba excelentes trabajos con el billete de 5000 francos. Su obra maestra, por la cual fue llamado "el Cézanne de los falsificadores", es la falsificación del billete de 100 nuevos francos que transportaba la imagen de Napoleón. Así, Bojarski falsificaba de manera magistral un billete que transportaba la imagen de una figura histórica que alguna vez también fue acusado de falsificador.

Arriba, el billete auténtico. En el medio, el billete falso.
Abajo a la izquierda, la plancha calcográfica del Banco de Francia.
Abajo a la derecha, la plancha de Bojarski.


Para diferenciarlos de los billetes auténticos, Bojarski introducía en sus billetes un defecto de autor en el pétalo de una flor ubicada en una esquina superior.


Arriba, una falsificación de Bojarski. Abajo, falta un pétalo
 en la flor ubicada en la esquina superior izquierda del anverso.

Fue arrestado en 1964, cuando tuvo que agrandar el emprendimiento e incorporar socios para colocar billetes en el mercado. Su juicio fue llevado a cabo en 1966 y fue sentenciado a 20 años, pero cumpliendo los 13 años salió en libertad, falleciendo el 2 de mayo de 2003.
Se calcula que imprimó unos 30000 billetes. Uno de ellos fue vendido en una subasta en el año 2015 por la suma de 7.173 euros. Sí, sus billetes son oro puro.

Bojarski, a la izquierda, junto a sus socios.

Fuentes:
https://pl.wikipedia.org/wiki/Czes%C5%82aw_Bojarski
https://coinweek.com/counterfeits/counterfeit-banknotes-the-story-of-czeslaw-bojarski/
https://www.pmgnotes.com/news/article/2652/The-Lone-Wolf-Counterfeiter-Czeslaw-Bojarski/
Revista Infosecura 15.

6.2.20

El diseño en los billetes argentinos: todo billete es político


Ante el anuncio de un nuevo diseño de billetes argentinos, nuestros representantes políticos se largaron a presentar diversas propuestas para incluir retratos de ciudadanos célebres como Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Astor Piazzola, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, María Elena Walsh, Julio Cortázar, Osvaldo Bayer, Quino, Caloi, Juana Azurduy, Alfonsina Storni, Eva Perón… aunque en la página del Banco Central de la República Argentina no hay nada de información oficial al respecto.

Animales y próceres en billetes del Banco de Buenos Ayres. Canguros sueltos por las pampas argentinas en un billete de 1856. Washington y Bolívar en un billete de 1827


Los argentinos tenemos numerosas opciones para realizar las transacciones comerciales, como son las tarjetas de crédito y débito, cheques, transacciones y monedas digitales, pero los billetes continúan siendo una de las opciones más utilizadas para realizar transacciones de manera anónima y rápida. Estos “papeles pintados” basan su valor en la confianza que tiene la ciudadanía en el sistema económico donde circulan y en la misma autenticidad de los billetes.
Ante un cambio de diseño en los billetes como el que se propone, surge la duda de si es importante el diseño que transportan, pues lo cierto es que la gente tiene que usar los billetes de cualquier manera, independientemente de las imágenes que los ilustren. La respuesta es positiva y a continuación se exponen algunas de las razones.
Un “buen” billete es aquel que es difícil de falsificar pero fácil de autenticar y reconocer (su valor); que transporta un diseño accesible y que comunica un mensaje que despierta el interés y cuidado del ciudadano. En esta definición se despliegan las cuatro funciones principales del diseño de los billetes que tienen como eje la experiencia del usuario: el control de la autenticidad, la accesibilidad y manejo, el reconocimiento del valor y la comunicación de un mensaje y/o historia.
Generalmente los bancos centrales priorizan en el diseño la función del control de autenticidad, bajo el lema: el billete puede ser bello, pero debe ser seguro. Para dar esta sensación de seguridad se incorporan al diseño elementos en el papel y las impresiones, tradicionales y novedosos, pero lo cierto es que la gente no controla de manera correcta a los billetes y basa su confianza en esa sensación general de que le “parece bueno el billete”. Pero claro, en los tiempos que corren la pérdida de la confianza está más ligada a la inflación que a las falsificaciones de papel moneda.
Aun así, los billetes deberían presentar un diseño intuitivo en el cual sea fácil reconocer los elementos de seguridad y el valor de la denominación. Por ello, los elementos de seguridad tienen que integrarse de manera efectiva y dinámica y el diseño tiene que ser lo más accesible posible para la mayor cantidad y diversidad de usuarios, principalmente para aquellos que poseen una visión reducida o son no videntes. Por ejemplo, emplear colores fuertes, tipografía clara para las denominaciones e impresiones en alto relieve fáciles de navegar con el tacto (diseño háptico). En otras palabras, el billete tiene que ser accesible tanto para las personas con discapacidad como para quienes no la tienen, aunque en estas últimas la accesibilidad estaría implícita.
Y volviendo al eje del artículo, los billetes también podrían transportar imágenes y símbolos que conformen un diseño de identidad colectiva que despierte emociones positivas en el ciudadano, pues hay evidencia de que aquellos billetes que presentan un diseño atractivo y que evoca emociones positivas provocan un mayor interés y cuidado por parte del ciudadano, además de que éste se interesa aún más por los elementos de seguridad incluidos en los billetes.
Entonces, solo queda saber qué tipo de imágenes queremos los argentinos en nuestros billetes. ¿Animales, próceres, personajes de la cultura? Generalmente los bancos centrales no se hacen estas preguntas, pues para obtener la respuesta se requieren de estudios y consultas populares, y es por ello que terminan copiando diseños de identidad de otros países. Así, muchos bancos centrales emplean retratos en sus billetes argumentando razones tradicionales y de seguridad documental: el público puede diferenciar billetes auténticos de los falsos con solo apreciar la calidad de la impresión en alto relieve del retrato (¡y principalmente la de los ojos!).




El retrato de personas célebres en billetes de Francia con Saint-Exupéry y El principito (emitido en 1992), y de Canadá con Viola Desmond, activista de derechos humanos (emitido en 2018). Él se muestra serio, ella esboza una sonrisa.


Pero lo cierto es que ya no es necesario incluir retratos en los billetes para que la ciudadanía despliegue confianza en su moneda. Ejemplos de ello son las familias de billetes de euro, corona noruega y franco suizo. En el euro el diseño es monotemático para todas las denominaciones (arquitectura de diferentes épocas), en la corona noruega el eje temático es el mar pero las imágenes son diversas, mientras que en el franco suizo el diseño es heterogéneo representando diferentes cualidades del país. Es cierto que las situaciones económicas donde circulan esos billetes son distintas a las nuestras, pero también los es que estas tres familias de billetes, que han dejado de lado el retrato de ciudadanos célebres, tienen grandes índices de aceptación y confianza en sus zonas de uso, además de ser ejemplos de buen diseño de papel moneda.
Otros ejemplos claros de la prescindencia de los retratos para embellecer el diseño, son los concursos que realiza la International Bank Note Society para destacar y premiar los mejores diseños de billetes en el mundo. Del 2004 al 2018, solo 4 billetes tienen retratos de personas en el diseño.



Ejemplos de billetes sin retrato y con altos índices de aceptación y confianza.
El euro, la corona noruega y el franco suizo.


La solución más sencilla y rápida es optar por lo conocido y ya probado, pero tampoco sería del todo descabellado prescindir de retratos de próceres y personas célebres para el diseño de billetes argentinos. Para ello podemos valernos de imágenes contemporáneas que despierten alegría y sentido del humor, sin sesgo político ni religioso y que evoquen una confianza en nosotros como colectivo humano. Esas imágenes podemos hallarlas en nuestra cultura popular, en las artes, en los juegos de la infancia, deportes, actividades diarias, en la educación y salud pública, en las ciencias e industrias. Para evocar a Don Ata o a María Elena Walsh quizás no sea necesario introducir un retrato de ellos, sino los motivos inspiradores que surgen de sus creaciones. O tal vez elegir gestas colectivas que despierten emociones que nos permitan reflexionar el pasado y pensar el futuro que queremos como nación.

Marcos Gianetto