En la impresión de papel moneda se utilizan tintas con propiedades magnéticas que se logran con el agregado de componentes ferromagnéticos. Pueden detectarse mediante la obtención de imágenes magnéticas o testeando el billete con cabezales magnéticos. Con ellas se imprimen números de serie o fragmentos de figuras. Por ejemplo, una figura monocromática puede ser impresa con dos tintas del mismo tono pero con diferentes características magnéticas, lo cual será verificable mediante el uso del escáner magnético.
Por ejemplo, los dólares transportan tintas magnéticas. Si trituras unos cuantos billetes en una licuadora con agua y pasas un imán potente, verás cómo los residuos negros de la tinta se adhieren a él.
La tinta magnética no se fabrica simplemente mezclando limaduras de hierro común, ya que el metal se iría al fondo por su peso. En su lugar, se utiliza un ferrofluido: una suspensión coloidal donde partículas diminutas de óxido de hierro (magnetita de unos 10 nanómetros) flotan de manera uniforme gracias a un compuesto que evita que se agrupen.
Curiosamente, esta tecnología la desarrolló originalmente la NASA para el programa espacial, y hoy tiene aplicaciones que van desde discos duros hasta altavoces y resonancias médicas.
El magnetismo en los billetes funciona como un elemento de seguridad de segundo nivel. Esto significa que no está a la vista del público general, pero puede ser detectado con el uso de instrumental específico. Los falsificadores suelen pasar por alto este detalle.
Estas tintas permiten que las máquinas expendedoras identifiquen billetes auténticos. Al igual que un reproductor de casetes lee una cinta, estas máquinas tienen cabezales que detectan la "huella dactilar magnética" específica de cada denominación.
Dado que el dinero tiene metal, el gobierno de los EE. UU. ha evaluado usar detectores para frenar el contrabando de efectivo. Esto ha despertado temores sobre la privacidad, pero la realidad es que la tecnología no puede saber cuánto dinero llevas. Como un billete de $1 y uno de $100 usan casi la misma cantidad de tinta, el detector solo puede contar el número de billetes, pero jamás calcular su valor real.
Aunque nació como un secreto de estado, esta innovación ya llegó al mercado masivo. Hoy en día, la tinta magnética se utiliza en los euros, en los números de serie de muchas monedas del mundo, en los tóners de las impresoras láser y en los cheques bancarios a través del sistema de lectura MICR.
Esta masificación obliga a las autoridades a seguir innovando para ir siempre un paso adelante de los falsificadores.


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