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22.6.26

Ben Franklin, el maestro antifalsificación.

Analizamos los billetes impresos por Ben Franklin para descubrir sus técnicas antifalsificación e innovaciones en materiales.


Benjamin Franklin comprendió algo fundamental sobre el dinero que aún hoy moldea las economías modernas: el dinero solo funciona cuando la gente cree que es real.

A principios del siglo XVIII, las colonias británicas sufrían una escasez crónica de monedas de oro y plata, lo que obligaba a los gobiernos locales a depender de billetes de papel para el comercio y las transacciones cotidianas. Pero el papel moneda generó un nuevo y peligroso problema: a diferencia de las monedas metálicas, el papel moneda podía copiarse, alterarse y falsificarse fácilmente.

Mucho antes de sus experimentos con la electricidad o de su papel en la fundación de Estados Unidos hace ya 250 años, Franklin dedicó años a trabajar con papel, tinta e imprenta. En ese proceso, desarrolló un conocimiento práctico de los materiales y la fabricación.

Casi tres siglos después, los análisis científicos modernos revelan lo sofisticadas que eran algunas de sus estrategias contra la falsificación. Mis colegas y yo, expertos en ciencia de los materiales, analizamos recientemente cientos de billetes coloniales estadounidenses que aún se conservan, incluidos billetes impresos por Franklin.

Mediante técnicas de imagen y métodos científicos modernos, examinamos fibras, pigmentos y estructuras microscópicas ocultas en el papel. Los resultados sugieren que Franklin concibió la moneda como un problema práctico de materiales.

Imprimir dinero en el que la gente pudiera confiar

Aunque el papel moneda se originó en China hace más de mil años, no apareció en Europa hasta el siglo XVII. A principios del siglo XVIII, las colonias americanas carecían de suficientes monedas de oro y plata para sostener una economía en crecimiento. Para mantener el comercio en marcha, muchas colonias comenzaron a emitir papel moneda. Sin embargo, el papel moneda también generó inquietud, ya que los billetes coloniales eran relativamente fáciles de falsificar.

Billete de tres peniques emitido por la provincia de Pensilvania e impreso por Benjamin Franklin y David Hall en 1764. Godot13/Wikimedia Commons

 Los billetes falsificados circulaban ampliamente. Los impresores incluso estampaban variaciones de la frase " Falsificar es la muerte " en el dinero colonial y detallaban severos castigos para los falsificadores en sus periódicos.

Franklin se involucró en la impresión de dinero a principios de la década de 1730, poco después de establecerse como impresor en Filadelfia. Durante su trayectoria, imprimió millones de libras en papel moneda para Pensilvania y varias otras colonias. En 1749, se asoció con el impresor David Hall. Hall continuó con el negocio junto a William Sellers después de que Franklin lo abandonara a mediados de la década de 1760.

Franklin también creó una red de impresores en otras colonias, suministrándoles prensas, papel y tinta. Esta red imprimía billetes para las colonias de Delaware, Nueva Jersey, Nueva York, Maryland y Carolina del Sur. Imprimir dinero requería mayor precisión que imprimir periódicos o folletos. Franklin comprendió que las características físicas de un billete y los materiales utilizados para su elaboración podían influir en la confianza que la gente depositara en él.

Un impresor que experimentaba con materiales.

Franklin abordaba la imprenta como un artesano, experimentando constantemente con nuevas técnicas y materiales de impresión.

Los fabricantes de papel coloniales producían hojas de papel triturando trapos viejos de lino y algodón en agua, levantando las fibras suspendidas sobre tamices y comprimiendo la pulpa húmeda a mano.

Bajo el microscopio, este antiguo papel se asemeja a una densa red de fibras enredadas. Franklin exploró maneras de dificultar la copia de sus billetes incorporando aditivos al papel. Algunos billetes incluían fibras o hilos de color índigo mezclados con la pulpa.

Estas innovaciones obligaron a los falsificadores a aplicar ingeniería inversa al papel, no solo a la imagen impresa. Franklin también experimentó imitando diseños de objetos naturales. Por ejemplo, al presionar hojas sobre un material blando, logró capturar patrones de nervaduras complejos con gran precisión.

Posteriormente, imprimió esos diseños en billetes coloniales, creando diseños difíciles de copiar porque no hay dos hojas que compartan la misma estructura.

Franklin había escrito un famoso panfleto en defensa del papel moneda, aunque en él no detallaba sus técnicas exactas. Junto a su libro de contabilidad principal, llevaba un libro de registro aparte —que nunca se encontró— para documentar sus transacciones con el fabricante de papel Anthony Newhouse en 1742 y 1743. Entre mediados y finales de la década de 1740, compró papel moneda a Newhouse.

Los historiadores han especulado con la posibilidad de que Franklin estuviera desarrollando este nuevo papel moneda con Newhouse y que separara las cuentas para mantener en secreto sus medidas de seguridad.



Lo que revela el análisis moderno

Cuando mis colegas y yo comenzamos a investigar cerca de 600 billetes coloniales , quisimos comprender los materiales que contenían. Empleamos métodos de imagen capaces de examinar estructuras miles de veces más delgadas que un cabello humano. Estas técnicas nos permitieron revelar la composición química de las tintas, los colorantes de las fibras y las partículas minerales utilizadas.

Algunos hallazgos nos sorprendieron. La tinta negra de Franklin difería de muchas tintas de impresión convencionales de la época, que a menudo utilizaban pigmento negro a base de hollín producido mediante la quema de aceites vegetales o la carbonización de huesos de animales.

En cambio, en muchos de los billetes de Franklin, encontramos estructuras de carbono en capas similares al grafito , la forma natural de carbono que se utiliza en los lápices modernos. A diferencia de los pigmentos a base de hollín, el grafito se compone de capas apiladas de átomos de carbono que le confieren propiedades físicas y ópticas distintivas. Estos resultados sugieren que Franklin experimentó con la composición de la tinta más extensamente de lo que los historiadores creían.

También identificamos partículas de mica incrustadas en el papel. Estas partículas reflejan la luz, produciendo un ligero brillo. Ya sea que se hayan añadido intencionalmente o se hayan introducido durante la fabricación del papel, crearon otra característica visual que habría sido difícil de reproducir de forma consistente para los falsificadores.

Bajo microscopios avanzados, las fibras revelaron diferencias en las técnicas de fabricación, la calidad del papel y la preparación del material. Lo que parecía ser un simple billete colonial se convirtió, al observarlo con microscopio, en un objeto complejo y elaborado con precisión.

Hoy en día, muchos billetes contienen partículas similares, hilos especializados y características ópticas en capas diseñadas para disuadir a los falsificadores. Los materiales de Franklin eran más sencillos que las tecnologías de seguridad modernas, pero se basaban en principios similares.

La ciencia material de la confianza

Franklin nunca se describió a sí mismo como un científico de materiales. Sin embargo, su trabajo sobre el dinero colonial reflejó muchas de las ideas que guían la impresión segura en la actualidad. Comprendió que las propiedades físicas de un objeto podían contribuir a generar confianza. La textura, las fibras, los pigmentos y los detalles impresos del billete ayudaban a transmitir autenticidad.

Esa idea resultó crucial mucho más allá de la imprenta. El papel moneda ofrecía una forma práctica de apoyar el comercio, los proyectos públicos y el crecimiento económico ante la escasez de monedas. Pero el papel moneda solo podía cumplir esas funciones si la gente confiaba en él. Al dificultar la falsificación de los billetes y facilitar su reconocimiento como auténticos, Franklin contribuyó a fortalecer la confianza en un sistema financiero que sustentaba una economía colonial en rápido crecimiento.

Los análisis modernos revelan detalles que las generaciones anteriores no pudieron percibir: el papel moneda de Franklin era más que un instrumento financiero. Representaba un esfuerzo fundamental por integrar la confianza directamente en los objetos cotidianos, una idea que aún hoy influye en el diseño del dinero moderno.

Quizás sea apropiado que el retrato de Franklin aparezca en el billete de 100 dólares estadounidenses de hoy. Mucho antes de convertirse en uno de los rostros del dinero estadounidense, ayudó a desarrollar algunas de las ideas que hicieron que el papel moneda fuera confiable desde un principio.

 

Autora:

Jo Adetunji

Editora de The Conversation UK

Fuente: https://theconversation.com/we-analyzed-paper-money-printed-by-ben-franklin-to-uncover-his-anti-counterfeiting-techniques-and-materials-innovations-282943

Otra fuente más técnica: https://www.pnas.org/doi/10.1073/pnas.2301856120




12.3.26

Química en los billetes bancarios

Fuente: https://burjcdigital.urjc.es/items/d0f7c17f-7900-48d0-a0de-cd6da3ae1021

Fecha de publicación: 5/10/2020


 INTRODUCCIÓN

Los billetes, esas pequeñas piezas de papel moneda que nos acompañan doblados en nuestros bolsillos y carteras, normalmente de manera efímera. Compañeros de viaje que dejamos olvidados en abrigos y que al año siguiente, al reencontrarnos con ellos accidentalmente, nos arrancan una sonrisa. Trozos de papel de todos los colores, capaces de hablar en todos los idiomas del mundo y que guardan cada uno, una pequeña historia dentro. Piezas de coleccionista que en secreto son pequeños laboratorios en sí mismo, guardando clases magistrales de Química, Biología, Física, Arte, Historia de la Ciencia, etc. En el presente manuscrito se hará una recopilación de los detalles más característicos de los billetes en los que está presente la Química; centrándonos, posteriormente, en detalles impresos en los billetes mundiales, en relación con grandes científicos que han protagonizado estas pequeñas obras de arte.

¡TENGO VIDA!

Los billetes por tener, tienen literalmente vida propia, tal y como el artista estadounidense Ken Rinaldo expuso recientemente su obra Borderless Bacteria/Colonialist Cash en el Laboratorio de Arte de Berlín.[1] En dicha exposición se mostró la vida que existe sobre los trozos de papel moneda que se manejan a diario. Las obras consisten en placas petri con agar, para solidificar el medio, y en su interior los billetes como superficie de cultivo (véase Figura 1). Hasta 3.000 tipos de microbios puede llegar a albergar un billete, la mayoría de ellos provenientes de la piel, la boca y la vagina humanas.[2]


Figura 1. Billetes cultivados con agar en placas trasparentes durante varios días, repletos de colonias de bacterianas y hongos (Exposición Borderless Bacteria/Colonialist Cash en el Laboratorio de Arte de Berlín)[1]

¡ENSÉÑAME LA PASTA!

 Esta proliferación de vida se debe a la propia composición orgánica de la base de los billetes,[3] que están hechos generalmente de papel de algodón. Generalmente, el algodón es usado en su forma transgénica, mezclándose con lino u otro tipo de fibras para aumentar su vida útil. En China en el año 118 a.C., durante la dinastía Han, aparecieron los primeros pagarés hechos de pieles curtidas de los gamos sagrados que moraban en el Palacio Real. Pero los primeros billetes con base de papel, que también tienen sus orígenes en China, no aparecieron hasta la Dinastía Tang (618-907 d.C.). Comenzando a ser usados en los recibos de depósitos de los comerciantes, para evitar desplazar gran cantidad de monedas de cobre en sus viajes y grandes transacciones comerciales. Los primeros billetes (véase Figura 2) estaban fabricados en papel elaborado a partir de la corteza de la morera del papel o mora turca (Broussonetia papyrifera). Curiosamente, esta planta en francés recibe el nombre de le mûrier d’Espagne. El uso de las pastas de papel para la elaboración del dinero fue evolucionando con la sociedad.[5] Actualmente están hechos de mezcla de fibras naturales, como lino y algodón, por lo que estrictamente no están elaborados de pasta de papel, sino de tela. Para los billetes de euro, la Unión Europea permite el uso de algodón transgénico,[6] conllevando un descenso de uso de plaguicidas a nivel mundial (pero supone un daño económico, ya que todo este material es importado, al no permitirse la plantación de algodón transgénico en la Unión Europea…).

Figura 2. Billete “Yi Guan” de la dinastía Ming (13681644 d.C.) descubierto en el año 2016 en el interior de una escultura de madera de un Luohan (individuo que ha alcanzado el Nirvana)[4]

Actualmente, la tendencia es abandonar el uso de la pasta de papel y recurrir a polímeros para rebajar los costes de producción y el impacto medioambiental, o recurrir a la combinación de ambas materias primas. Costa Rica y Haití en 1983, emitieron los primeros billetes de plástico de fibras de polietileno, material comercializado como TyvekTM y desarrollados por DuPont Corporation.[7] Estas piezas dejaron de utilizarse porque eran resbaladizas y su tinta se desvanecía. Pero en 1988, después de años de investigación científica, Australia[3] produjo el primer billete de polímero hecho de polipropileno (plástico) biaxialmente orientado y, en 1996 se convirtió en el primer país en reemplazar completamente sus billetes de papel. Posteriormente, muchos países, entre ellos los hispanoamericanos Brasil, Chile, Guatemala, República Dominicana, México y Paraguay, adoptaron este polímero como base de sus billetes.

Figura 3. Marca de agua (o filigrana), e hilo de seguridad en el billete de 20 euros[4]

¡LLAMEN A SEGURIDAD!
El proceso de elaboración de billetes de banco mediante moldes, en el que se incorporan marcas de agua e hilos de seguridad durante el proceso de formación del papel,[8] es el más utilizado. La marca de agua se consigue durante el proceso de creación de las láminas de papel, dejando reposar la pasta de papel en planchas sobre diferentes espesores inapreciables, que terminan dejando la filigrana característica. Entre las capas de esta pasta, se suelen incluir hilos con marcas específicas de seguridad (véase Figura 3). Existiendo dos tipos: El primero, un delgado hilo de poliéster recubierto de aluminio con microimpresión que está incrustado en el papel del billete. Y el segundo, un hilo de seguridad de coser simple o multicolor hecho de algodón o fibras sintéticas, en su mayoría fluorescentes a la radiación ultravioleta, UV.
Aunque el hilo es la característica de seguridad más utilizada en billetes de todo el mundo, cada día se incorporan nuevos sistemas de seguridad,[9] que incluyen elementos holográficos, iridiscentes, magnéticos, fluorescentes e incluso upconversion (conversión ascendente de fotones), y microimpresión.
Los hologramas (véase Figura 4) que se incorporan a los billetes son etiquetas de seguridad complicadas de falsificar, porque se reproducen a partir de un holograma maestro que requiere equipos costosos y tecnológicamente avanzados.[9]

Figura 4. Parches holográficos reflectantes en billetes de 20 euros y 100 euros, respectivamente

Los hologramas e hilos de seguridad, con el avance de la tecnología, han conseguido incorporar la técnica de ventana (Figura 5), haciendo que en estos elementos se incorporen elementos trasparentes y que incluso, solo aparezcan en una de las caras del billete. Estas características dificultan en gran medida la falsificación. También resulta útil la utilización de la marca sobre los billetes de papel,[5,8] con rotulador especial a base de lugol (yodo molecular I2 y yoduro de potasio KI en agua destilada). Que consiste en la formación o no, de cadenas de iones I3– entre el almidón del papel (véase Figura 5). Al pasar el rotulador por los billetes falsos, fabricados con papel normal que contiene almidón, éstos se “manchan” debido a la reacción de formación del complejo oscuro del triyoduro con las hélices de amilosa. Mientras, que los billetes legales fabricados de algodón transgénico, que poseen amilopectina (en lugar de amilosa) y las moléculas de triyoduro, son incapaces de reaccionar, no produciéndose complejo coloreado.

Figura 5. Izquierda: Ventana holográfica transparente incorporada en las tiras reflectantes (billete de 20 euros), mostrando el retrato del personaje mitológico Europa, que puede verse en ambos caras del billete. Derecha: Marca realizada con rotulador con base de lugol, sobre papel rico en amilopectina (no deja marca coloreada) y sobre papel normal de amilosa (deja marca oscura)

Las impresoras modernas utilizadas en la impresión de papel moneda permiten que se incorporen nuevas medidas de seguridad (véase Figura 6), como son la impresión en relieve, halos impresos de muy pequeño tamaño ocultos a simple vista y la inclusión de patrones de símbolos anti-copia. Para estos últimos, los billetes de euro incorporan un patrón de símbolos verde amarillentos (representando la constelación de Eurión) en forma de “donuts”, que al ser escaneados o fotocopiados por impresoras homologadas, reconocen que se trata de un billete y rehúsan a fotocopiarlo.[10] En los billetes realizados sobre una base polimérica, se adaptan los elementos de seguridad existentes obteniendo novedosos diseños. En la Figura 7 y en la referencia mostrada para el billete de 100 dólares neozelandés,[11] al que nos referiremos más adelante por la imagen que aparece en él, se pueden observar estos novedosos diseños.

Figura 6. Arriba: marcas en los laterales en relieve reconocibles al tacto y halos de pequeñas dimensiones impresos en los billetes de euro. Abajo: marcas anti-copia: Patrones geométricos incorporados en el papel moneda, para que las impresoras modernas rehúsen realizar su copia al ser detectados

Figura 7. Billete de 100 dólares neozelandés de base polimérica, que adapta las medidas de seguridad del papel moneda a este material[11]

LA PALETA DEL PINTOR
Para toda obra maestra, se requiere de una materia prima. Para las pequeñas obras de arte que encarnan los billetes, se necesita de los pigmentos y tinturas. La gran variedad de pigmentos utilizados en la elaboración de los billetes no guardan grandes secretos, respecto a los usados en otras actividades.[12] En esencia, y a excepción de los pigmentos artificiales creados en tiempos más contemporáneos, no difieren mucho de los utilizados en su momento por Rafael Sanzio (1483-1520)[13] para pintar por ejemplo, la pintura al fresco de “la Escuela de Atenas” de las estancias del Palacio apostólico del Vaticano. Véase la Figura 8, con el billete conmemorativo de dicha obra, de 500.000 antiguas liras, en la que aparecen los grandes pensadores clásicos y los primeros “científicos” de la historia.
Otro gran genio renacentista que se introdujo en el manejo de las bases de la Alquimia y la Metalurgia durante su aprendizaje en los talleres de su mentor Verrocchio, fue Leonardo da Vinci (1452-1519)[14]; homenajeado en el billete de 500.000 de las antigua liras, fuera ya de circulación de la Figura 9.
Una clara evidencia de que la receta de los pigmentos utilizados, por ejemplo, en los billetes de euro es bastante común, está en el detalle de las licitaciones que la Casa de Moneda y Timbre [15] saca para contratar proveedores de cartuchos de tinta de impresora de la marca EpsonTM, algo accesible al público en general.
Las medidas de seguridad también pueden ser incorporadas a través del uso de tintas con características específicas.

Figura 8. Escuela de Atenas. Billete de 500.000 liras italianas (1997)

Figura 9. Leonardo da Vinci. Billete de 50.000 liras italianas (1970)

Una característica típica de los billetes de euro es el uso de tintas ópticamente variables (Optically variable ink, OV) que cambian de color según el ángulo del observador (véase Figura 10) y la incidencia de la luz (iridiscencia o Pearlescent coating referido a la tinta).[16]
Otra posibilidad que ofrecen los pigmentos, es el uso de tintas magnéticas[17] (véase Figura 11), usadas en los números de serie de los billetes y/o en otras zonas deseadas, que son capaces de ser detectados por máquinas al uso.
El uso de compuestos fluorescentes[18] bajo la luz ultravioleta (véase Figura 12), es otro recurso muy utilizado como medida de seguridad en los billetes. En los billetes de euros se usan complejos fluorescentes rojos de europio, complejos fluorescentes verdes de terbio y mezclas de ellos para obtener el amarillo-anaranjado.
Recientemente en algunos países, se ha incorporado como medida de seguridad el uso de tintas con nanopartículas de conversión ascendente de fotones (upconversion, véase Figura 13) y materiales de lantánidos capaces de emitir luz, por radiación previa de infrarrojo cercano,[19] para mostrar la autenticidad de los billetes.

Figura 10. Uso de la tinta iridiscente en los billetes de euro. Fenómeno que hace cambiar de color gradualmente a medida que cambia el ángulo de visión o el ángulo de iluminación. Este fenómeno se da en la naturaleza, entre otros, en el exoesqueleto iridiscente del escarabajo ciervo dorado

Figura 11. Número de serie impreso con tinta magnética, detectable con pequeñas máquinas que manifiestan campos electromagnéticos

Figura 12. Billete de 50 euros bajo radiación ultravioleta, donde se aprecia el rojo, verde y anaranjado, fruto de los complejos de europio, terbio y mezcla de ambos, respectivamente

Figura 13. Billete de 100 yuan o reminbí, impreso en zonas estratégicas con tintas de conversión ascendente de fotones (upconversion), capaces de emitir radiación bajo excitación infrarroja

La utilización de técnicas espectroscópicas para la labor forense de detección de pigmentos falsos o distintos a los utilizados en la impresión del papel moneda son: la técnica Mößbauer para pigmentos ricos en hierro y la f luorescencia de rayos X para conocer la composición atómica;[20] y la espectroscopia Raman[21] para el resto de pigmentos, al ser una técnica que no destruye las muestras de los billetes. Pero el fácil acceso a los pigmentos utilizados en los billetes a través de consumibles comerciales de cartuchos de tinta, hace de todas ellas casi más unas técnicas de apoyo para los propios defraudadores, brindando en bandeja las herramientas para conocer composiciones de tintas, que herramientas antifraude.

PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO
El escritor Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645), en la poesía “Poderoso caballero es don Dinero” criticó el contexto social de su época por la búsqueda de dinero, con razón. Pero los maravillosos especímenes de billetes que a continuación enumeraremos, repletos de referencias e ilustres científicos, ni el mismo Quevedo se hubiera atrevido a criticarlos. 
La aparición de científicos y grandes pensadores en los billetes ha sido utilizada en numerosas ocasiones por diferentes países. En el presente epígrafe nos centraremos en científicos que marcaron hitos en aspectos relacionados con la Química. Se recopilan en tres bloques de billetes: con detalles químicos impresos, con combinaciones de detalles y la imagen de personajes ilustres en el campo de la Química, y billetes con solo figuras de ilustres en relación con logros en Química. Presentándolos todos ellos, por orden cronológico referente a su fecha de emisión. Lamentablemente, los billetes de euro todavía no se han apuntado a tan magnífica iniciativa.
Detalles químicos en billetes
El uso de detalles alegóricos a la Química de forma aislada, no ha sido un recurso muy utilizado en el papel moneda. Pero aun así, se encuentra algún ejemplo, como los mostrados a continuación:

Figura 14. Cristal de hierro. Billete de 20 francos belgas (1964)

En el billete de 20 francos belgas de 1964 (véase Figura 14), aparece representada la celda unidad del hierro (cúbica centrada en el cuerpo), en clara alusión al monumento “Atomium” situado en el parque de Heysel en Bruselas (Bélgica), formado por una estructura de 102 metros de altura construida para la Exposición de Bruselas de 1958.
La familia de Alfred Nobel, allá por el año 1873, comenzó a involucrarse en el negocio de la explotación del petróleo de Azerbaiyán, (conocido como “la tierra del fuego” debido a sus ricas reservas de petróleo y gas). Los tres hermanos (Ludvig, Robert y Alfred Nobel) fundaron la Compañía Petrolera “Branobel” en 1879. A principios del siglo xx era la segunda empresa petrolera más grande del mundo, lo que les permitió amasar una gran fortuna, entregado una buena parte a obras de caridad, subvenciones, becas, escuelas y hospitales. En la Figura 15, se muestra el anverso del billete de 1.000 manats de la República de Azerbaiyán, haciendo alusión a la enorme actividad económica del país en torno la industria petrolífera.
En la misma línea de la industria petrolífera de Azerbaiyán, nos encontramos el billete de 50 manats (véase Figura 16), en el que aparecen las conocidas como “estructuras de Kekulé” resonantes de la molécula de benceno.[22]
 
Figura 15. Industria petrolífera. Billete de 1.000 manats azeríes (2001) 

Figura 16. Estructura de Kekulé. Billete de 50 manats azeries (2014)


Imágenes de científicos junto con detalles químicos
En la Figura 17, aparece el anverso del billete de 5 francos franceses de 1966, con la imagen de Louis Pasteur (1822-1895)[23] en primer plano, y en el fondo, utensilios de laboratorio, junto con un microscopio. Pasteur es considerado el padre de la Microbiología y de la técnica conocida como “pasteurización” (eliminación de parte o todos los gérmenes de un producto elevando su temperatura durante un corto tiempo), que permitió desarrollar la esterilización por autoclave.

Figura 17. Louis Pasteur. Billete de 5 francos franceses (1966)

En la Figura 18, se presenta el billete de 100 dracmas griegos de 1967, donde además del busto de Democrito de Abdera (460-370 a.C.),[24] aparece dibujado la estructura de un átomo. En clara alusión a la idea del filósofo, que teorizó cortando piedras, de que la materia estaba formada por trozos infinitesimales indivisibles (átomos), únicos y diferentes de los átomos de otros materiales, como la piel. La imagen de Democrito también fue usada en otros billetes más antiguos de dracmas, como el de 20 dracmas griegos de 1955.

Figura 18. Demócrito. Billete de 100 dracmas griegos (1967)

Hans Christian Ørsted (1777-1851),[25] físico y químico danés, conocido por haber descubierto de forma experimental la relación física entre la electricidad y el magnetismo, (además de aislar el aluminio), aparece en el billete de la Figura 19, junto con una brújula aparentemente magnetizada. El ganador del premio Nobel de Medicina en 1908, Paul Ehrlich (1854-1915),[26] eminente médico y bacteriólogo alemán, aparece en el billete de 200 marcos de 1970. 
En la Figura 20, aparece la molécula de arsfenamina descubierta por él, siendo uno de los primeros fármacos que curó la enfermedad infecciosa con una alta tasa de mortalidad: la sífilis.

Figura 19. Hans Christian Ørsted. Billete de 100 coronas danesas (1970)

Figura 20. Paul Ehrlich. Billete de 200 marcos alemanes (1970)

 La Figura 21 honra la imagen de Alessandro Volta (1745-1827)[27] y su descubrimiento más famoso: la pila o columna, que inicialmente llamó “órgano eléctrico artificial”, estudiando los efectos del galvanismo sobre las ancas de rana. Volta apiló discos de igual tamaño de cobre y de cinc, de forma alterna; logrando que se generara un flujo eléctrico conectando con un alambre los discos situados en los extremos.

Figura 21. Alessandro Volta. Billete de 10.000 liras italianas (1984) 

Recurrir a la imagen icónica de Marie Skłodowska Curie (1867-1934),[28] ha sido habitual en la impresión del papel moneda. Pionera en la investigación sobre la radiactividad, y primera persona en recibir dos premios Nobel en distintas modalidades, Física y Química. El país natal de Marie Curie, Polonia, utilizó su imagen en el billete de 20.000 esloties (Figura 22) polacos en el anverso, y en el reverso del mismo, la ilustración de las barras de grafito de un reactor nuclear.

Figura 22. Marie Curie. Billete de 20.000 esloties polacos (1989)

En la Figura 23, tenemos el billete con la imagen de Carl Friedrich Gauss (1777-1855),[29] conocido en el campo de la Química principalmente por sus trabajos con las ecuaciones del magnetismo que llevan su nombre, y por la función gaussiana, representada en el billete.
En la Figura 24 se muestra la imagen de Michael Faraday, (1791-1867),[30] junto con alguno de sus experimentos más famosos de fondo. Estudió el electromagnetismo y la electroquímica. Sus principales logros fueron el descubrimiento de la inducción electromagnética, el diamagnetismo y la electrólisis. 
El billete de 10 francos suizos de 1997 (Figura 25), recurrió al matemático Leonhard P. Euler (1707-1783),[31] que popularizo el uso de la letra “e” (número de Euler o constante de Napier), para la constante irracional más importante, cuyo valor es aproximadamente igual a 2,71828, base de los logaritmos naturales, tan utilizados en el cálculo en Química. En el reverso de este mismo billete, se hace alusión a sus estudios en astronomía.

Figura 23. Carl Gauss. Billete de 10 marcos alemanes (1991) 

Figura 24. Michael Faraday. Billete de 20 libras esterlinas (1993

Figura 25. Leonhard Euler. Billete de 10 francos suizos (1997)

 Francia, país de adopción de Marie Curie,[28] usó la imagen del matrimonio Curie, para los billetes de 500 francos de 1998 (Figura 26). Pierre Curie (1859-1906),[32] fue un físico francés, pionero en el estudio de la radiactividad y descubridor de la piezoelectricidad, que fue galardonado con el premio Nobel de Física en 1903 junto con Marie Curie y Antoine Henri Becquerel. Además, en el anverso del billete, aparecen representadas las partículas alfa y en el anverso, una estructura atómica y utensilios de laboratorio.
En las extintas República Federativa Socialista de Yugoslavia (1936-1991, RFSY) y República Federal de Yugoslavia (1991-2003, actuales Serbia y Montenegro), se recurrió a la fotografía del gran inventor en el campo del electromagnetismo, Nikola Tesla (1856-1943).[33] Su imagen[34] fue usada en los billetes de 5 dinares de 1994; 100 dinares de 1994 y del año 2000; 500 dinares de 1981; 1.000 dinares de 1990, 1991 y 1992; 5.000 dinares de 1993; 5.000.000 dinares de 1993; 10.000.000.000 dinares de 1993. Destaca el billete de curso actual de Serbia de 100 dinares (Figura 27), donde aparece su imagen en el anverso y la definición de la unidad tesla igual al Weber/m2 .

Figura 26. Matrimonio Curie. Billete de 500 francos franceses (1998)

Figura 27. Nikola Tesla; arriba: Billete de 100 dinares serbios (2003); abajo: dinares de la extinta Yugoslavia de 1994

Recientemente en 2011, Polonia volvió a utilizar la imagen de la científica Marie Curie,[28] para el billete 20 eslotis (véase Figura 28), pero devaluado respecto al emitido en 1989. En el anverso aparece la imagen de la científica y en el reverso, la medalla que reciben los laureados con el premio Nobel, con la imagen acuñada del propio Alfred Nobel.
El billete de 50 libras esterlinas de 2011 (véase Figura 29), introdujo en su reverso, la imagen de dos retratos: el ingeniero y científico escocés James Watt (1736- 1819)[35] y, el industrial y empresario Matthew Boulton (1728-1809),[36] junto con la Whitbread Engine y la Soho Manufactory, de Birmingham, donde mejoraron el primer prototipo de máquina de vapor.[16]

Figura 28. Marie Curie. Billete actual de 20 esloties polacos (2011)

Figura 29. Matthew Boulton y James Watt. Reverso del billete de 50 libras esterlinas (2011)

Billetes solo con la imagen del científico En Alemania, durante la República de Weimar (1918- 1933), se emitió un billete de 20 reichmarks (véase Figura 30), con la imagen de Ernst Werner M. von Siemens (1816-1892).[37] Inventor alemán, pionero de la electrotecnia e industrial fundador de la actual conglomerado de compañías Siemens AG. En 1841, desarrolló un proceso de galvanización (proceso electroquímico para recubrir un metal con otro distinto); en 1846 un telégrafo de aguja y presión, y un sistema de aislamiento de cables eléctricos mediante gutapercha (tipo de goma parecida al caucho, translúcida, sólida y flexible, que resultó un ser termoplástico natural), lo que permitió en la práctica, la construcción y el tendido de cables submarinos.
De nuevo Francia rindió culto a dos de sus grandes pensadores y científicos en diferentes áreas: a Voltaire (François-Marie Arouet, 1694-1778), [38] con el billete de 10 francos franceses de 1964 y a Blaise Pascal (1623- 1662),[39] en el de 500 francos franceses de 1977 (Figura  31). Entre otras muchas cosas, el primero de ellos destacó, por la creación del laboratorio en el castillo de la marquesa de Chatêlet, en Cirey. El segundo realizó investigaciones concluyente sobre fluidos y la aclaración de conceptos tales como la presión y el vacío.
Albert Einstein (1879-1955),[40] icono mundial de la ciencia y premio Nobel de Física en 1921 aportó en el campo de la Química-Física numerosos trabajos: teoría especial de la relatividad, mecánica estadística, efecto fotoeléctrico (por el que recibió el Nobel), entre otros. Fue homenajeado por Israel en el billete de 5 liras israelís de 1968 (véase Figura 32).

Figura 30. Ernst Werner M. von Siemens. Billete de 20 reichmarks de 1929

Figura 31. Arriba: Billete de 10 francos franceses de 1964 de Voltaire; abajo: billete de 500 francos franceses de 1977 de Blaise Pascal 

Figura 32. Albert Einstein, billete de 5 liras israelís (1968)
 
Figura 33. Erwin Schrödinger. Billete de 1.000 chelines austriacos (1983)

Erwin Schrödinger (1887-1961),[41] realizó importantes contribuciones en mecánica cuántica y termodinámica. Recibió el premio Nobel de Física en 1933 por el desarrollo de la ecuación que lleva su nombre (Schrödinger), compartido con Paul Dirac. Lo que mereció su aparición como homenaje en el billete austriaco de 1.000 chelines de 1983 (véase Figura 33).
Cristian Bikerland (1867-1917),[42] inventor de la producción de fertilizantes artificiales para la agricultura mediante un proceso industrial, denominado Birkeland– Eyde, que permite fijar el nitrógeno del aire, aparece retratado en los billetes de 200 coronas noruegas de 1994 (véase Figura 34).
En 1991, durante la disolución de la Unión Soviética y la fundación de la Federación Rusa, provocando una crisis financiera que afectó a sus gobiernos locales y regionales, se emitió el franco de los Urales, unidad monetaria emitida en Sverdlovsk (Ekaterinburgo, Rusia) a modo de vales. Se imprimió un billete de 100 de estos francos con la imagen de Dimitri Mendeléiev (1834-1907),[43] mostrado en la Figura 35. Científico de renombre, tras haber descubierto el patrón subyacente en lo que ahora se conoce como la tabla periódica de los elementos.
El billete de 100 libras esterlinas del Banco escocés Clydesdale (Figura 36), rinde homenaje a William Thomson, conocido como Lord Kelvin, (1824-1907).[44] Científico que destacó por sus importantes trabajos en el campo de la termodinámica, desarrollando la escala de temperaturas del cero absoluto.

Figura 34. C. Bikerland. Billete de 200 coronas noruegas (1994)

Figura 35. Dimitri Mendeléiev. Billete de 100 francos de los Urales. Federación Rusa (1991) 

Figura 36. Lord Kelvin. Billete de 100 libras esterlinas, banco Clydesdale (1996)

 Niels H. D. Bohr (1885-1962),[45] fue un físico-químico danés que contribuyó a la comprensión de la composición del átomo y la mecánica cuántica. Galardonado con el premio Nobel de Física en 1922, aparece en el billete de 500 coronas danesas de curso actual (véase Figura 37).
En 1997, Austria homenajeó en el billete de 1.000 chelines (véase Figura 38) a Karl Landsteiner (1868- 1943).[46] Patólogo y biólogo conocido por haber descubierto y tipificado los grupos sanguíneos. Premio Nobel de Medicina en el año 1930.
A Alexander Fleming (1881-1955),[47] premio Nobel de Medicina en 1945 por ser el descubridor de la penicilina, también se le atribuye el descubrimiento de la enzima antimicrobiana lisozima. Aparece en el billete de 5 libras esterlinas del Banco escocés Clydesdale de 1997 (véase Figura 39). 
Lord Ernest Rutherford (1871-1937),[48] premio Nobel de Química en 1908, tras su dedicación al estudio de las partículas radiactivas, clasificarlas en alfa (α), beta (β) y gamma (γ), y hallar que la radiactividad iba acompañada por una desintegración de los elementos. Presentó un modelo atómico que lleva su nombre con el que probó la existencia del núcleo en el átomo, en el que se reúne toda la carga positiva y prácticamente, casi la totalidad de la masa del mismo. Británico nacido en la actual Nueva Zelanda, aparece honrado en los billetes actuales de 100 dólares neozelandeses (véase Figura 40, para la base de pasta de papel y la Figura 7, para la nueva versión del billete sobre base polimérica).

Figura 37. Niels H. D. Bohr. Billete de 500 coronas danesas (1997)

Figura 38. Karl Landsteiner. Billete de 1.000 chelines austriacos (1997)

Figura 39. Alexander Fleming. Billete de 5 libras esterlinas del Banco Clydesdale (1997)

Figura 40. Lord Ernest Rutherford. Billete de 100 dólares neozelandés en pasta de papel (2016). En la figura 7, se puede ver en la nueva versión fabricado sobre base polimérica

CONCLUSIONES
El tópico recurrente de que “la química está en todas partes”, se hace patente en los billetes de papel moneda. La Química está presente en la propia historia del uso del dinero a lo largo de la humanidad, tanto en el material con el que se elabora, en las medidas de seguridad con las que se marcan, como sobre todo, en las imágenes que decoran a estos trozos de papel, para convertirlos en obras de arte de cualquier coleccionista amante de la Ciencia que se precie.

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5.3.26

A 80 años de la mayor falsificación de billetes de la historia: Operación Bernhard

por Martin Fürbach


Figura 1: Parte del billete con la marca de agua “Bank of England” y un código que indica la fecha de producción

Este artículo (que será seguido por un segundo en el próximo número) aborda la falsificación de moneda británica por parte de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. En este número se presenta el contexto histórico, mientras que la segunda parte (SPH n.º 101) abordará muchos de los aspectos interesantes del análisis de las falsificaciones, con especial énfasis en el análisis del papel y, en particular, de sus marcas de agua.
La falsificación de monedas y billetes ha existido desde sus inicios. Salvo en casos de claro lucro económico, encontramos pocos ejemplos en la historia donde la motivación principal fuera diferente: la destrucción de una economía extranjera (Cooley). En los primeros días de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno nazi de Alemania decidió empezar a falsificar libras esterlinas (Malkin).
La idea inicial era simple: destruir la economía de Inglaterra mediante la hiperinflación, inundándola con grandes cantidades de billetes falsos lanzados desde aviones. Esto requirió la producción de falsificaciones de muy buena calidad y se llevó a cabo en el transcurso de dos operaciones, ahora conocidas como Operación Andreas y Operación Bernhard. Cabe mencionar que tanto Inglaterra como Estados Unidos consideraron la falsificación del marco alemán durante la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, este plan fue rechazado (Malkin). En la década de 1930, muchos países de todo el mundo imprimieron billetes utilizando múltiples técnicas de impresión y diseños de color, incluyendo diversas medidas de seguridad para dificultar la falsificación. Este no fue del todo el caso de Inglaterra, donde el Banco de Inglaterra emitió dos tipos de billetes: los billetes modernos "de color" y los "billetes blancos", cuyos diseños (y seguridad) apenas habían cambiado desde el siglo XIX. Las libras blancas se imprimían mediante una técnica de impresión tipográfica con tinta negra sobre papel hecho a mano con marca de agua (Fig. 1, Fig. 6, Fig. 7). Los billetes se imprimieron en la imprenta del Banco de Inglaterra y el papel fue producido por Portals (actualmente, Portals forma parte de De La Rue, una de las mayores imprentas privadas de billetes y productoras de papel de seguridad). La tinta se encargó a Alemania, conocida por su producción de tintas de impresión negras de alta calidad.

Operación Andreas
Para la producción de la moneda falsa, Alfred Naujocks, comandante de la sección técnica del servicio de seguridad (también conocido como «el hombre que inició la guerra» por su participación en el incidente de Gleiwitz, una operación de bandera falsa perpetrada por las fuerzas nazis contra una emisora ​​de radio alemana, utilizada como pretexto para invadir Polonia), utilizó instalaciones en Delbrückstrasse, Berlín. La falsificación contó con un presupuesto de aproximadamente 2 millones de marcos alemanes, equivalentes a 10 millones de francos suizos actuales (Malkin). El primer problema al que se enfrentaron los falsificadores fue la producción de papel para los billetes. Según los materiales de archivo, esta fue la tarea más difícil y la que les exigió la mayor parte de su tiempo. Se realizó un análisis del papel utilizado en las libras esterlinas auténticas en universidades químicas alemanas, que incluyó múltiples pruebas físicas, ópticas y químicas (Burger). Una fábrica de papel en Spechthausen (Fig. 2), en Eberswalde, producía la mayor parte del papel, mientras que Hahnemühle, en Dassel (Fig. 3), producía una pequeña cantidad. Debido a la cantidad de falsificaciones requeridas, se utilizó papel fabricado a máquina para acelerar el proceso (Malkin). No está claro cómo descubrieron los alemanes que el papel genuino utilizado por los británicos se fabricaba con materias primas producidas en Turquía, pero esto les permitió adquirirlo de la misma fuente. Muchos autores afirman que los espías alemanes descubrieron que Portals utilizaba trapos o sacas de correo recicladas en la producción de papel, en lugar de materiales nuevos. Para imitar estas propiedades, los alemanes utilizaron trapos que se habían usado en fábricas para limpiar la maquinaria y los transformaron en la producción de papel (Burger). Malkin duda de esta afirmación, ya que no existen pruebas documentales que respalden esta teoría (Malkin). El grabado de las placas de cobre para la impresión tipográfica y la reproducción galvánica llevó más de medio año, en particular la réplica de la Enciclopedia Británica (Fig. 6 – parte superior izquierda de la nota). Con la ayuda del matemático y criptógrafo Langer, se descifró el sistema de numeración de los billetes auténticos. Sin embargo, a pesar de los avances, la falsificación dirigida por Naujocks no se consideró un éxito. Además, Naujocks fue castigado por su participación en el espionaje a Heydrich y la Operación Andreas fue clausurada tras haber impreso unos 200.000 billetes de diez libras (Malkin).

Operación Bernhard
Alrededor de julio de 1942, la responsabilidad de la falsificación de libras esterlinas fue transferida a Bernhard Krüger, oficial de las SS de la sección técnica VIF4. Provenía de la industria textil y trabajó para las SS en diversos proyectos relacionados con la falsificación. Dejó de usar papel de Spechthausen y continuó utilizando únicamente papel de Hahnemühle. La composición más probable del papel que utilizó fue 90 % algodón y 10 % lino (Byatt), mientras que algunos investigadores afirman que solo se utilizó algodón (Burger) y que también se utilizó ramio (Malkin, Bartsch).

Figura 2: Fábrica de papel Spechthausen (Foto: archivo Burger)
Figura 3: Fábrica de papel Hahnemühle (Foto: archivo Burger)


La evidencia documental respalda la opinión de que el papel para libras esterlinas en Hahnemühle se producía a máquina (Malkin, Byatt), mientras que otras fuentes, como el informe técnico del difunto director de Hahnemühle, el Sr. Bartsch (en Burger), indican una producción artesanal. No obstante, el papel utilizado se desarrolló durante 1942, tenía un gramaje de 40 g/m² y cada hoja podía utilizarse para la impresión de ocho billetes falsos. Se prensaron 110 hojas de papel y se almacenaron en pilas de 500. El papel se dejó envejecer durante algunas semanas y luego se clasificó según su calidad. Se produjeron alrededor de 1.461.000 hojas entre 1943 y 1945. La compleja marca de agua de una falsificación puede verse con luz transmitida en las figuras 1 y 7. Bajo el valor nominal, en el centro, hay un código compuesto por una letra y cuatro números. Aunque no se conoce el significado de la letra, los cuatro números contienen información sobre la fecha: los dos primeros números indican la semana de producción y el tercero y cuarto indican el año.
En julio de 1942, Krüger comenzó a buscar falsificadores para contratarlos y recorrió los campos de concentración en busca de prisioneros con conocimientos de impresión y fotografía, así como de aquellos con habilidades manuales. Quienes cumplían sus criterios eran trasladados a Sachsenhausen. Este proyecto se mantuvo en completo secreto y dos edificios (los bloques 18 y 19) se mantuvieron bajo máxima seguridad, donde el equipo de prisioneros falsificadores creció de unas pocas docenas iniciales a un total de 144. Estos prisioneros falsificadores se mantenían separados de los demás prisioneros, e incluso el director del campo de Sachsenhausen desconocía lo que ocurría en esos dos edificios. Los falsificadores recibían un mejor trato que los demás prisioneros en cuanto a comida y tiempo libre, ya que podían escuchar la radio y, posteriormente, se les ofreció una mesa de ping-pong como regalo para recompensarlos por su éxito en la falsificación de billetes británicos. Figura 3. Fábrica de papel Hahnemühle (Foto: archivo Burger) La preparación de las planchas fue realizada por los empleados de la sección técnica y tuvo lugar en el Castillo Friedenthal, cerca de Sachsenhausen. No está claro el alcance de la participación de los prisioneros en la etapa de preparación, por ejemplo, la corrección de la plancha. La principal tarea de los prisioneros era la impresión. Este proceso implicaba separar una hoja de papel original (tal como se producía en la fábrica de papel) en dos partes y en esas hojas (que contendrían cuatro billetes) la impresión se realizó en dos pasos: impresión de la parte principal del billete seguida de la numeración. El papel se rasgaba a mano con una regla para imitar la apariencia de los bordes de los billetes genuinos. Para imitar la apariencia de los billetes usados, las falsificaciones se doblaban, envolvían y modificaban mediante plegado o rasgado. Algunos billetes también se perforaban, sin embargo, se desconoce la justificación de esto. Algunas fuentes afirman que esto se hizo para imitar la perforación de los billetes auténticos (en aquella época, en Inglaterra, debido a su gran tamaño, a veces se doblaban y se sujetaban con imperdibles, de ahí los agujeros) (Burger), mientras que otras fuentes afirman que se hizo para ocultar defectos de impresión. Burger afirma posteriormente que la mayoría de los billetes fueron perforados a través de una parte de la Enciclopedia Británica para marcarlos como falsos, con la esperanza de que esta información pudiera transmitirse y utilizarse para su identificación (Burger).

Figura 4: Campo de concentración de Sachsenhausen

Las falsificaciones se clasificaban según su calidad, lo cual era la tarea más difícil, ya que consistía en una cuidadosa inspección visual de los detalles de impresión y las marcas de agua, tanto bajo luz reflejada como transmitida. Diversas fuentes mencionan cuatro o cinco clases de billetes (McNally, Malkin, Burger). Los de mejor calidad se utilizaban para pagos a espías y para material militar, mientras que los de menor calidad se reservaban para posteriores inundaciones inflacionarias, cuando se lanzaban desde aviones, y los de menor categoría se reciclaban en Hahnemühle.
En todos los aspectos de una operación de falsificación, el punto más débil no reside en la fabricación de los materiales, sino en su distribución. No es fácil hacer circular millones de billetes falsos sin llamar la atención. La vigilancia de los delincuentes que los ponen en circulación suele resultar (tarde o temprano) en la localización de la producción. Sin embargo, este no fue el caso de la Operación Bernhard. Mientras que los billetes se imprimían en Sachsenhausen, Friedrich Schwend realizaba la distribución desde un lugar a 1000 km de distancia, en el castillo de Labers, Merano, Italia (Fig. 5). Desde allí, se enviaban billetes falsos a todo el mundo. La red de distribución incluía gerentes de hotel, empleados de banca y empresarios (Malkin, Elam). Muchos de los billetes entraron en circulación en Suiza y, tras ser advertidos a finales de 1942, los bancos suizos dejaron de aceptar libras en mayo de 1944. Tras la guerra, se encontraron billetes falsos por toda Europa y también en Sudamérica. Durante varias transacciones las falsificaciones fueron "blanqueadas" (y su valor fue deflactado) mediante transacciones posteriores, que involucraron la adquisición de oro, liras italianas y otras monedas y materias primas (Elam).

Figura 5: Castillo de Labers, Merano, Italia (Foto: archivo Burger)

Las falsificaciones no solo se utilizaron para múltiples adquisiciones anónimas de secretos y material militar, sino que también se emplearon en al menos dos importantes transacciones internacionales. La primera fue la compra de secretos británicos a Elyesa Bazna, ayuda de cámara del embajador británico en Ankara (el llamado Agente Cicerón). Gracias a él, Alemania recibió fotografías de docenas de documentos ultrasecretos por los que pagó alrededor de 300.000 libras esterlinas en billetes falsos. La historia del Agente Bazna/Cicerón se convirtió en tema de libros y películas (Wires). El segundo uso notable de la moneda falsa fue el rescate de Mussolini del Gran Sasso, ya que se utilizaron libras esterlinas falsas para pagar a informantes y otros gastos relacionados con su rescate (Burke, Malkin).
A medida que la gran cantidad de billetes producidos con valores nominales altos comenzó a despertar sospechas, los principales esfuerzos del proyecto de falsificación se centraron en la producción de valores nominales más bajos, en particular los billetes de 5 libras esterlinas, que finalmente representaron la mitad de la producción total. Posteriormente, Alemania se dio cuenta de que existían demasiadas falsificaciones de billetes británicos e, incluso mediante el uso de una red extensa y sofisticada, se había vuelto cada vez más difícil poner en circulación la totalidad de los billetes. Al mismo tiempo, Turquía había dejado de suministrar materiales de trapo a Alemania para su producción de papel, y los materiales de reemplazo eran de inferior calidad y no podían producir papel de la misma alta calidad. Esto condujo a la falsificación del dólar estadounidense, con la ayuda de Sally Smolianoff, la única persona del equipo que era falsificadora profesional de billetes tanto antes como después de la guerra (Bloom). Debido a las dificultades y al largo proceso de preparación de las placas de huecograbado utilizadas en la producción de dólares auténticos, se decidió imitar el proceso mediante fototipia (McNally). Sin embargo, la producción de dólares se retrasó, lo que resultó en la producción de solo unos pocos cientos de billetes. La falsificación en Sachsenhausen no se limitaba a los billetes, sino que incluía la elaboración de documentos falsos de todo tipo, desde membretes de la Cruz Roja hasta pasaportes, certificados de nacimiento, sellos, etc.
A medida que las fuerzas estadounidenses y rusas avanzaban, se decidió trasladar el taller de impresión a otra ubicación: Redl-Zipf, en Austria, un complejo militar subterráneo con decenas de kilómetros de túneles utilizados para la construcción de cohetes V-2. En los últimos días de la guerra, se decidió trasladar de nuevo a los prisioneros al campo de concentración de Ebensee. A pesar del plan original de asesinar a los prisioneros, el caos de los últimos días de la guerra, sumado al complicado y parcial transporte de los prisioneros, permitió que estos sobrevivieran. Las falsificaciones de menor calidad fueron quemadas, mientras que los billetes falsos de mejor calidad fueron arrojados a los ríos locales en torno a la estación de pruebas navales nazi, ubicada en la región de Toplitzsee. Millones de libras esterlinas falsas fueron arrojadas al lago Toplitzsee en cajas de madera.

Figura 6: Billete británico de 5 libras con luz reflejada en tamaño original.

Figura 7: Billete británico de 5 libras esterlinas en luz transmitida en tamaño original

La cantidad total de la producción de billetes británicos falsos está bien documentada y según varias fuentes el número total de todas las denominaciones (£ 5, £ 10, £ 20, £ 50) en todas las categorías de calidad fue de 8.965.085 piezas que valoraron £ 132.610.945. Durante el período de producción, 671.622 billetes con un valor total de £ 10.368.445 fueron enviados a la Oficina Central de Seguridad del Reich en Berlín. Lo que no está claro es cuántos de los billetes terminados realmente entraron en circulación. Varias fuentes indican que valores en millones fueron quemados al final de la guerra, y billetes en valor de aproximadamente £ 21.000.000 fueron encontrados en los primeros días después de la guerra (CIA). Muchas fuentes 7 estiman erróneamente que el número de billetes falsos en circulación constituyó el 40 por ciento (por ejemplo, Burger, la película Die Fälscher). Por el contrario, la estimación mencionada anteriormente, procedente de Sachsenhausen, parece ser baja, ya que, por ejemplo, se encontraron billetes por valor de 5 millones de libras en el órgano de la iglesia de San Valentino en Merano. Es posible que este no sea un caso aislado y que existieran (o quizás aún existan) otros escondites en otros lugares.

Investigación después de la guerra
El alcance de la falsificación alemana no solo preocupaba al Banco de Inglaterra, que se unió a Scotland Yard para iniciar una investigación exhaustiva y elaboró ​​el informe Reeves (Byatt). La tentativa de falsificación del dólar estadounidense también condujo a una investigación por parte del capitán McNally, del Servicio Secreto de los Estados Unidos (McNally). Apenas unos días después del final de la guerra, Burger visitó el Banco Nacional en Praga y le informó de su participación en la falsificación (Burger), lo que dio lugar a una investigación de la policía checa sobre el posible uso de las falsificaciones y la posibilidad de que algunos de los prisioneros liberados de Sachsenhausen hubieran continuado con la falsificación tras su liberación (Sem). El oficial de policía suizo André Amstein redactó otro informe muy extenso (Bloom, Burke); sin embargo, no se ha encontrado ningún informe relacionado con Amstein en los archivos.
La revista Die Stern obtuvo permiso para bucear en el lago Toplitzsee en 1959 y se recuperó una gran cantidad de billetes (Löhde). A esto le siguieron múltiples búsquedas independientes e ilegales, y culminó con la limpieza del lago por parte de las autoridades austriacas en 1963. Toplitzsee sigue atrayendo a buceadores, no solo por los billetes y los rumores sobre la presencia de oro en el lago, sino también por su biología única, ya que está compuesto de agua salada, sulfuro de hidrógeno y ausencia de oxígeno, lo que lo convierte en una zona de interés para los biólogos (CBS, Fricke).
A pesar de la publicación de numerosos libros y artículos, aún carecemos de una comprensión completa del proyecto de falsificación que tuvo lugar en Alemania. Esto se explica en parte por lo siguiente:La falsificación de billetes es, en general, una práctica muy secreta. Ninguna persona involucrada en las instituciones implicadas tiene interés en compartir su información privilegiada, ya que temen que pueda ser útil para futuros falsificadores. Es improbable que existan conspiraciones para explicar la información faltante; simplemente, ningún país divulgaría más información al respecto que Inglaterra. Sin embargo, resulta sospechoso que varios de los principales informes elaborados después de la guerra no hayan dejado rastro: la Interpol no posee el llamado informe Amstein y el Banco de Inglaterra afirma que el informe Reeves no se encuentra en sus archivos (Byatt).
La falta de información no significa que la información clasificada o secreta necesaria se encuentre oculta en los archivos; es muy probable que gran parte de la documentación y los materiales se hayan perdido o destruido con el tiempo. Burger describe la quema de billetes falsos a principios de mayo de 1945 y es probable que se cometieran actos de destrucción similares en otros lugares durante los últimos y agitados días de la guerra. Es posible que otros objetos permanezcan sin descubrir en el fondo de los lagos de la región de Toplitzsee.
La información y los materiales podrían haber sido confiscados por las fuerzas armadas estadounidenses o soviéticas y permanecer archivados como información clasificada, o quizás aún no hayan sido descubiertos por los investigadores porque se conservan lejos de sus lugares de producción. Este fue el caso de la información técnica y las docenas de fotografías relacionadas con la producción de marcas de agua y planchas de impresión que permanecieron clasificadas en los archivos del FBI hasta el año 2000.
Se utilizaron billetes falsos en operaciones de inteligencia, las cuales estaban sujetas a medidas de seguridad nacional y, por lo tanto, se consideraban secretas. Entre quienes podrían haberse beneficiado de los billetes falsos se menciona, por ejemplo, a Alan Dulles, quien trabajó para la Oficina de Servicios Estratégicos en Berna durante la Segunda Guerra Mundial y posteriormente se convirtió en el primer director de la CIA (Elam). La CIA publicó oficialmente los archivos relacionados con la falsificación de billetes y su distribución en 2007 (Ruffner).
Después de la guerra tuvo lugar una operación de falsificación similar (Cooley).
Los países del Este “modificaron” la historia y utilizaron la Operación Bernhard con fines propagandísticos debido a que los principales perpetradores no habían sido castigados.
Para el Banco de Inglaterra, la magnitud de la falsificación constituyó una mala publicidad, amenazó la estabilidad económica del Reino Unido y minó la confianza del público en su moneda. Existían buenas razones para subestimar la magnitud de la Operación Bernhard. Las autoridades británicas prefirieron no hablar de ella públicamente y emitieron una nueva generación de billetes. En 2012, se desclasificó cierta información de los archivos del MI5. De los documentos desclasificados se desprende que Gran Bretaña se benefició de la información que le comunicaban bancos y policías extranjeros; sin embargo, la cantidad de información compartida por el Banco de Inglaterra con otros países fue limitada (Malkin).
Inglaterra es uno de los pocos países donde todos los billetes emitidos mantienen su curso legal, por lo que aún es posible canjear «libras blancas» auténticas retiradas por «libras nuevas» válidas (sin embargo, los bancos solo las reembolsan a su valor nominal, mientras que el valor para los coleccionistas puede ser cientos de veces mayor). Por lo tanto, el Banco de Inglaterra tiene buenas razones para mantener cierta información en secreto, ya que le ayuda a determinar si los billetes en cuestión son auténticos o no.

Figura 8: Adolf Burger durante una entrevista en 2008.

Publicaciones
Burger (Fig. 8) escribió su primera publicación pocos meses después de su liberación (Burger); posteriormente le siguieron otros prisioneros (Krakowski, Nachtstern, Groen, Edel). A pesar de ello, la Operación Bernhard recibió la mayor atención mediática cuando los reporteros de Der Stern buscaron las libras perdidas en Toplitzsee en 1959 (Löhde). Las memorias de Burger formaron la base de la película «Die Fälscher», que en 2008 recibió el Óscar a la mejor película extranjera. El libro más completo sobre la producción de billetes falsos durante la guerra fue escrito por el periodista estadounidense Malkin. Elam, periodista de investigación en Suiza, se centró en diversos aspectos de la distribución y el blanqueo de billetes falsos.
La falsificación de libras esterlinas durante la Operación Bernhard sigue siendo un tema interesante, no solo para los investigadores históricos, sino también para los miles de visitantes de la Cabaña del Pescador de Albrecht Syen en Toplitzsee. Gracias a su interés en la búsqueda del lago, ha reunido una increíble colección de artículos y fotografías que documentan el proceso, todo ello expuesto en las paredes de su restaurante. Esto demuestra que la información pertinente no solo se puede encontrar en archivos, sino también en posesión privada, y que los lugares y las personas locales son los custodios de su historia. Desafortunadamente, es demasiado tarde para verificar los archivos recientemente desclasificados con los participantes originales en los hechos, ya que quienes participaron en este enorme acto de falsificación están en su mayoría fallecidos, y solo tres de los 144 prisioneros falsificadores originales siguen con vida.

Literatura

Bloom, Murray Teigh. Dinero propio: Los grandes falsificadores. Nueva York: Scribner, 1957.

Bloom, Murray Teigh. La Hermandad del Dinero: El Mundo Secreto de los Imprentas de Billetes. Port Clinton, Ohio: BNR Press, 1983.

Burger, Adolf. Habla el número 64401. (En checo) Praga: Gustav Petru, 1945.

Burger, Adolf. El taller Dab: la mayor operación de falsificación de todos los tiempos. (En checo) Praga: Ikar, 2007.

Burke, Bryan. Falsificación nazi de moneda británica durante la Segunda Guerra Mundial: Operación Andrew y Operación Bernhard. San Bernardino, California: Franklin Press, 1987.

Byatt, Derrick. Promesas de pago. Los primeros trescientos años de los billetes del Banco de Inglaterra. Londres: Spink, 1994.

Cooley, John K. Guerras de divisas: Cómo el dinero falsificado es la nueva arma de destrucción masiva. Nueva York: Skyhorse Publishing, 2008.

Edel, Peter. Cuando la vida está en juego: Mi historia. Berlín: Verlag der Nation, 1979.

Elam, Shraga. Los falsificadores de Hitler: Cómo agentes judíos, estadounidenses y suizos ayudaron a las SS a blanquear dinero falso. Viena: Ueberreuter, 2000.

Fricke, Hans. Mythos Toplitzsee – Tauchfahrt in die Vergangenheit. Viena: Amaltea, 2009.

Krakowski, Avraham. Vidas falsas. Lakewood, Nueva Jersey: CIS Publishers, 1994.

Löhde, Wolfgang. Dinero para quemar. Der Stern, 8 de agosto de 1959.

Malkin, Lawrence. Los hombres de Krueger. La trama secreta de falsificación nazi y los prisioneros del Bloque 19. Nueva York: Back Bay Books, 2006.

McNally, George J. Informe, 24 de enero de 1946.

Nachtstern, Moriz y Ragnar Arntzen. Falsificador: cómo un judío noruego sobrevivió al Holocast. Guilford, Connecticut: Lyon Press, 2012.

Ruffner, Kevin C. Transición de operaciones de inteligencia en tiempos de guerra a tiempos de paz: Tras la pista de los falsificadores nazis. Estudios de Inteligencia, vol. 46, n.º 2, 2002, págs. 41-53.

Sem, Julius y Joseph Mayer. Informe sobre falsificaciones en el campo de concentración de Sachsenhausen. Ministerio del Interior checoslovaco, Informe, 1945 (original en checo).

Publicado por Jorgen Somod, Copenhague, 1981.

Wires, Richard. El caso del espionaje de Cicerón: acceso alemán a secretos británicos durante la Segunda Guerra Mundial. Westport, Connecticut: Praeger, 1999.

Cine

Los falsificadores (dirigida por Stefan Ruzowitzky). Filmladen, 2007.

Los falsificadores de Hitler: El Comando Bernhard (dirigida por Christian Giesser). Cinecraft, 2006.

El lago de Hitler. CBS, 2000.

La gran estafa nazi. Canal 4, 2004.

Fuente: https://www.papierhistoriker.ch/allgemein/70-years-from-the-largest-ever-counterfeiting-of-banknotes-operation-bernhard/