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28.2.26

Crane: la gran papelera de EE.UU.

Crane ha proporcionado el papel para el dinero estadounidense durante siglos; ahora se está volviendo global.

Por Ylan Q. Mui
13 de diciembre de 2013



Crane Paper Company, Pittsfield, Massachusetts, Image – Wikimedia Commons

La historia de cómo una empresa familiar se convirtió en el eje de la moneda en Estados Unidos —y cada vez más, en el mundo— está impregnada de la tradición de la cabalgata de medianoche de Paul Revere.
El legendario patriota guardaba sus caballos en la fábrica de papel de Massachusetts dirigida por Thomas Crane, un firme defensor de la independencia de Gran Bretaña. Por lo tanto, era lógico que Revere recurriera a él para asegurar a los colonos que se alzaban en armas en la Revolución Americana que recibirían su paga.
Crane aceptó el desafío y redactó billetes de crédito para los soldados que llevaban el lema “Emitidos en defensa de la libertad estadounidense”, dando origen a lo que hoy es una industria global multimillonaria.
Durante siete generaciones, la familia Crane y su empresa homónima han sido el único proveedor de la mezcla especial de papel de lino y algodón que da al dinero estadounidense su distintivo aspecto. Los repetidos intentos de la competencia por destronar a Crane han fracasado. Ha sobrevivido a los ataques de falsificadores, monedas y tarjetas de crédito.
Ahora, esta empresa estadounidense está viviendo una revolución propia, luchando por consolidarse en el mercado multimillonario de la fabricación de moneda. Cuenta con 1400 empleados y ha establecido su sede internacional en Suecia. Suministra papel a México y Tailandia, imprime billetes para Tanzania y vende dispositivos de seguridad 3D de alta tecnología a Corea del Sur y Líbano, lo que la convierte en una de las empresas de mayor crecimiento en el sector, aislado y altamente competitivo, de generar ingresos.
“Para sobrevivir, teníamos que globalizarnos y convertirnos en un líder tecnológico”, dijo Lanse Crane, exdirector ejecutivo y miembro de la sexta generación de la familia. “Ahí fue donde surgió la oportunidad, y ahí fue donde, al final, realmente apostamos nuestro futuro”.

Trabajadores del siglo 19

Un ascenso y una caída
Crane disfrutó de su época dorada en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.
El papel de algodón de alto gramaje de la empresa dominaba los mercados que demandaban material de alta calidad. Los arquitectos usaban su papel de dibujo para dibujar planos. Wall Street recurría a Crane para obtener certificados de acciones. Las empresas compraban papel carbón y papel con membrete oficial. Incluso la reina Isabel II lo usaba para enviar despachos.
En aquel entonces, Crane empleaba a unas 1000 personas y operaba seis molinos a orillas del río Housatonic, cuyas aguas nacían en las montañas Berkshire, no lejos de la sede de Crane. El papel moneda era una actividad pequeña pero estable de la empresa. No generaba muchos ingresos, pero era un gran orgullo para la familia.
Aunque Thomas Crane hizo historia al imprimir la primera moneda colonial en Massachusetts, la empresa no floreció hasta un siglo después, cuando Estados Unidos adoptó un sistema único de papel moneda y lanzó una convocatoria de proveedores. Murray Crane, de veintiséis años, viajó a Washington con la misión de conseguir ese negocio y, sin saberlo, sentó las bases para el futuro de la empresa.
"Tenía que ser algo enorme", dijo Peter Hopkins, consultor de Crane y su historiador de facto. "Fue algo muy importante".
Crane nunca perdió su liderazgo inicial en el negocio de las divisas y defendió con vehemencia su monopolio. A medida que el proceso se especializaba cada vez más, se dificultaba la entrada de otras empresas al mercado. El dinero estadounidense se imprime ahora en una mezcla de 75 % algodón y 25 % lino, que antes se basaba en retales de la industria de la mezclilla. El papel se elabora para garantizar que la superficie se mantenga lisa y que el material sea duradero. Una hoja de papel normal puede doblarse unas 400 veces antes de romperse; un billete de dólar debe resistir al menos 8000 pliegues.
Potencias internacionales como De La Rue en Inglaterra y Giesecke & Devrient en Alemania comenzaron a fijar sus ojos en Estados Unidos en la década de 1980. La mejora tecnológica facilitaba la falsificación, y las empresas extranjeras prometían funciones de seguridad mejoradas que amenazaban con superar las capacidades de Crane. Los legisladores cuestionaron el prolongado monopolio de la empresa, lo que dio lugar a audiencias en el Congreso e investigaciones federales.
Una ley de 1987, impulsada por el veterano representante estadounidense Silvio Conte, protegía a Crane. Su sede se encontraba en su distrito de Massachusetts, y contaba a la familia entre sus amigos cercanos. La legislación impedía a las empresas de propiedad extranjera suministrar papel moneda estadounidense y limitaba los contratos a cuatro años, lo que hacía las licitaciones menos atractivas para la competencia nacional.
“Nunca damos por sentada esa relación”, afirmó Stephen DeFalco, actual director ejecutivo de Crane. “Nos esforzamos día a día por recuperar ese negocio”.
El contrato fue un salvavidas para Crane en la década de 1990. La tecnología estaba erosionando sus otros negocios: las fotocopiadoras hicieron obsoleto el papel carbón. El software de diseño informático reemplazó el papel para planos. El membrete y los certificados de acciones de las empresas se estaban volviendo electrónicos.
Para cuando Lanse Crane asumió el control en 1995, los ingresos habían caído hasta un 50% y los márgenes de beneficio se reducían. La moneda era la última esperanza de Crane, pero aún así requeriría una reinvención.

Ampliando su mercado
Para hacer un mejor trabajo en casa, Crane miró al extranjero.
La producción de divisas es una industria especializada, en parte por los problemas de seguridad inherentes y en parte porque es esencialmente un mercado de suma cero. Hay un número limitado de países y monedas, por lo que conseguir nuevos negocios casi siempre implica desplazar a otro.
Rick Haycock, presidente de Currency Research, que organiza conferencias sobre la industria, estimó que cada año se imprimen en todo el mundo entre 130 mil millones y 160 mil millones de billetes.
Muchos gobiernos gestionan el proceso ellos mismos. Algunos lugares, como Australia, no solo fabrican su propio dinero, sino que también imprimen monedas de otros países, lo que los convierte en una fuente adicional de competencia. La producción comercial representa entre el 15 % y el 20 % de la producción monetaria, según estimó Haycock, pero esta proporción está creciendo a medida que la seguridad exige productos cada vez más tecnológicos. Estima que los ingresos de las imprentas y proveedores comerciales se sitúan entre 5000 y 7000 millones de dólares.
“La tecnología de los billetes ha cambiado de forma drástica y significativa en los últimos 20 años”, afirmó. “El coste de mantenerse al día también ha sido considerable”.
Lanse Crane pasó más de un año viajando por el mundo buscando una oportunidad para la asediada empresa. La oportunidad surgió en 2001, cuando el Riksbank de Suecia decidió que ya no podía gestionar su propia producción de moneda. El 10 de septiembre, funcionarios llegaron para inspeccionar la sede de Crane en las afueras de Massachusetts y se quedaron casi una semana después de que los atentados terroristas suspendieran los vuelos. Pero ese tiempo brindó a los banqueros centrales suecos y a la familia Crane la oportunidad de conectar, y el viaje culminó con un acuerdo que dio a la empresa acceso al escenario mundial.
El acuerdo transformó a Crane, de una empresa familiar fabricante de papel, en una imprenta global. En Estados Unidos, Crane solo se encargaba de la fabricación de papel moneda. El contrato con Suecia exigía a Crane la fabricación e impresión de los kronos, no solo para Suecia, sino también para una cartera de otros países que utilizaban las instalaciones de impresión de Tumba Bruk.
“Es una empresa manufacturera”, dijo Lanse Crane. “Se busca poder operar la máquina las 24 horas del día. De ahí la eficiencia”.
El mercado de divisas ha crecido hasta representar el 80% del negocio de Crane, presente en 50 países, aunque la empresa no publica sus cifras de ingresos. Sigue siendo el único proveedor de papel moneda a nivel nacional, pero aún tiene una participación pequeña a nivel internacional. Dado que Crane es una empresa privada, no divulga sus cifras de ingresos, pero Haycock estima que su cuota de mercado ronda el 2% o el 3%.
“Hasta ese momento, lo que podíamos ofrecer era confianza, fiabilidad y calidad constante... Pero las exigencias estaban cambiando”, dijo Lanse Crane, quien comenzó a lucir las banderas estadounidense y sueca en la solapa tras la adquisición. “Tuvimos que mejorar para convertirnos en un proveedor de primer nivel”.


Cambios necesarios
La internacionalización de Crane transformó no sólo el modelo de negocio de la empresa, sino también su cultura.
Las implicaciones fiscales eran complejas, tanto a nivel nacional como internacional. La imprenta sueca estaba sindicalizada, lo que representaba un nuevo reto laboral. Trabajar dentro de la Unión Europea requería nuevas estrategias de gobernanza y operativas.
Y tras generaciones en el negocio, algunos miembros de la familia Crane estaban listos para sacar provecho de sus ganancias. El número de candidatos para dirigir la empresa se reducía a medida que los Crane se dedicaban a otros campos, como la conservación de la vida silvestre y las carreras de esquí de fondo, en lugar de la fabricación de papel.
Lanse Crane se dio cuenta de que el paso final en la revolución de la empresa era entregar las riendas.
“Para mí, sentado en la silla del CEO, pude ver que la empresa lo necesitaba”, dijo.
Lanse comenzó a buscar inversores externos, y su sucesor, Charlie Kittredge, culminó el proceso. En 2008, tras un cuarto de siglo de propiedad familiar, la firma de capital privado Lindsey Goldberg adquirió una participación del 49 % en la empresa por una suma no revelada. Kittredge permaneció en la junta directiva, que ahora está compuesta por familiares, representantes de Lindsey Goldberg y personas externas.
Desde entonces, la empresa ha tenido que defenderse de amenazas tanto tradicionales como tecnológicas. Luchó con éxito contra varios intentos de reemplazar el billete de dólar por una moneda de 1 dólar, incluyendo una iniciativa de cabildeo denominada "Americans for George". Recientemente, la Reserva Federal emitió un informe que considera al billete de dólar " actualmente el instrumento de pago más eficiente en comparación con la moneda de 1 dólar " .
Mientras tanto, la compañía utilizó el efectivo de la compra para invertir en tecnología de vanguardia que espera que desencadene otra revolución en la moneda: el dinero tridimensional.
Crane adquirió dos laboratorios de Georgia que crean lentes microscópicas. Al combinarse, las lentes crean la ilusión de movimiento tridimensional sobre superficies estáticas, difícil de replicar para los falsificadores. La compañía estrenó la tecnología en Suecia con una franja en el centro del billete con imágenes de una corona y la denominación incrustadas que parecen moverse al inclinarlo. Tras varios retrasos, las franjas de movimiento aparecieron en Estados Unidos en el nuevo diseño del billete de 100 dólares este otoño.
“No se puede sobrevivir en el negocio más de 200 años ignorando las tendencias”, dijo DeFalco. “Esto era como Star Wars comparado con lo que venían haciendo”.
DeFalco asumió el mando de Crane en 2011, siendo la tercera persona ajena a la familia en ocupar ese puesto. Aunque tenía poca experiencia en la producción de moneda, DeFalco había sido ejecutivo en varias empresas de tecnología médica y experimentó de primera mano el rápido ritmo de la innovación.
Desde su llegada, la empresa se ha dedicado a la fabricación de materiales técnicos a partir de productos distintos del algodón, utilizados en la filtración de energía, agua y medio ambiente. Este año, duplicó el tamaño de su planta de producción de "no tejidos" y el número de empleados. Aunque esta división aún representa solo una pequeña parte del negocio total de Crane, está creciendo rápidamente, al igual que la moneda en el siglo XIX.
“Hay una imagen de Crane: es una empresa familiar con una larga trayectoria, que siempre consigue el contrato”, dijo DeFalco. “Hay otra faceta de Crane, que probablemente sea una versión más moderna, que dice que una empresa que surgió de valores familiares y cree en el servicio al cliente se ha reinventado”.

Datos sobre el papel moneda
  • Crane and Co., una empresa con sede en Massachusetts, ha estado proporcionando a la Oficina de Grabado e Impresión de Estados Unidos papel para moneda estadounidense desde 1879.
  • Los billetes de la Reserva Federal son una mezcla de 25 % de lino y 75 % de algodón. El papel moneda contiene diminutas fibras sintéticas rojas y azules de diferentes longitudes, distribuidas uniformemente por todo el papel.
  • Se necesitarían 4.000 pliegues dobles, hacia delante y hacia atrás, para romper un billete.
  • Independientemente de la denominación, un billete pesa aproximadamente 1 gramo. Dado que hay 454 gramos en una libra, esto significa que hay 454 billetes en una libra de moneda.
  • ¿Quieres medir tus billetes de otra manera? Una pila de billetes de una milla de altura contendría más de 14,5 millones de billetes.
Fuentes:
https://www.washingtonpost.com/business/economy/crane-has-provided-the-paper-for-us-money-for-centuries-now-its-going-global/2013/12/13/9aa4190a-5c39-11e3-be07-006c776266ed_story.html
https://www.bep.gov/currency/how-money-is-made

12.2.26

El misterio de los bocetos de billetes robados en el museo del BCRA y que iban a ser subastados en el exterior

 Nota original: https://www.lanacion.com.ar/seguridad/el-misterio-bocetos-billetes-robados-museo-del-nid2443197/

Autor: Gabriel Di Nicola 

Fecha: 7 de septiembre de 2020



Uno de los bocetos de billetes robados y recuperados en los Estados Unidos

Nadie sabe cuándo y cómo 28 bocetos de billetes originales, hechos a mano, fueron robados del Museo Histórico y Numismático Héctor Carlos Janson, del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Su desaparición se descubrió en enero de 2018 cuando se conoció el anuncio de que parte de las piezas que debían estar a resguardo en Buenos Aires iban a ser subastadas en Londres. Después de tres años y ocho meses de una investigación de especialistas de la Policía Federal Argentina (PFA) y del FBI de los Estados Unidos, fueron hallados en Nueva York ocho de los artículos de colección sustraídos en el país en una fecha incierta.

Los ocho bocetos de billetes argentinos recuperados estaban en poder de un coleccionista, que afirmó haberlos comprado de buena fe, sin saber que habían sido robados de un museo en la Argentina, según informaron a LA NACION fuentes de la PFA.
Los bocetos de billetes, originales y hechos a mano, son de la década del 30, del 40 y de 1983, año del retorno democrático. "Se pudo determinar que algunas de las piezas buscadas se encontraban en poder de un ciudadano norteamericano, uno de los mayores coleccionistas de billetes argentinos, quien incluso había escrito diferentes obras referentes a la temática", explicó la PFA en un comunicado de prensa.


La investigación comenzó en enero de 2018 cuando las autoridades del Museo Histórico y Numismático Héctor Carlos Janson hicieron la denuncia ante la División Tutela de Bienes Culturales de la PFA. Se abrió un expediente, que quedó a cargo del juez federal Sebastián Casanello.
Una de las primeras medidas que tomó el magistrado fue pedirle al Departamento Protección del Patrimonio Cultural de la Oficina Buenos Aires de Interpol que incluya en la base de datos de obras de arte robadas los primeros cinco bocetos de billetes que se detectaron como faltantes. Se trataba de prototipos de anversos y reversos para billetes de 1 y 5 pesos argentinos, hechos con lápiz de color, que contaban en su viñeta lateral con el retrato del general José de San Martín.
"Los coleccionistas se desesperan por tener este tipo de piezas. Los bocetos de billetes hechos a mano y de baja denominación tiene un importante valor", sostuvo a LA NACION un detective que participó de la investigación.
Los bocetos de billetes son patrimonio del BCRA. En algún momento, según explicaron los especialistas, fueron exhibidos a las autoridades pero, por distintas razones, no fueron aprobados para su posterior acuñamiento, y fueron llevados al Museo Histórico y Numismático Héctor Carlos Janson.
La denuncia original, según se desprende del expediente judicial, fue hecha por la directora del museo, Mabel Esteve, después de que se advirtiera que en un sitio de Internet iban a ser subastados cinco bocetos de billetes de moneda nacional.
"No se sabe cómo ni cuándo fueron robadas estas piezas de colección. Todo se descubrió cuando se advirtió que en una casa de subastas de Londres estaban exhibidos bocetos de billetes argentinos. En un primer momento las autoridades del museo pensaron que se trataba de copias, pero cuando fueron al lugar donde debían estar guardados los originales se comprobó que no estaban", recordó un jefe policial que participó de la pesquisa.


Las piezas de colección que iban a ser subastadas en Londres aún no pudieron ser recuperadas, pero sí se logró ubicar otras.
"Los ocho bocetos recuperados por el FBI son diseños realizados a mano, con diferentes técnicas, por artistas destacados en la especialidad desarrollada en el área de Diseño del Banco Central, Casa de Moneda o por diseñadores de empresas extranjeras. Se pudo observar el buen estado de conservación y la alta calidad museística de las piezas recuperadas", afirmó la PFA en el comunicado de prensa citada.
Después de la denuncia hecha por las autoridades del museo del BCRA, los expertos del Departamento Protección del Patrimonio Cultural, a cargo del comisario Fernando Gómez Benigno, comenzaron la investigación con la colaboración de la oficina de Interpol en Washington y con el Equipo de Crímenes de Arte del FBI.
"Todavía resta determinar quiénes fueron los autores del robo. Lo cierto es que tenían acceso y sabían dónde se guardaban los bocetos", sostuvo una detective de la PFA.
Cuando Esteve declaró como testigo explicó que, en 1995, el museo sufrió grandes pérdidas, que había muy poco personal y que no había control sobre quiénes tenían acceso a las piezas de colección. Afirmó que se había hecho una auditoría, aunque los funcionarios judiciales nunca tuvieron copia de los registros.
"Esteve dijo que no existen registros que den cuenta de que los billetes estuvieron efectivamente en el organismo, pero que todo prototipo o boceto que se haga para el BCRA es propiedad intelectual del organismo", según se desprende del expediente judicial.

En la causa declaró como testigo uno de los mayores coleccionistas de billetes argentinos, de origen extranjero. Su declaración testimonial fue hecha con la colaboración de una perito oficial traductora del idioma inglés.
El testigo describió su propia colección y relató cómo, en general, se obtienen los billetes. Afirmó que el sitio de Internet donde fueron vistos los cinco primeros bocetos que dieron origen a la denuncia es de una de las empresas más antiguas y confiables a nivel mundial, dado que conocen tanto a los compradores como a los vendedores.

Archivo y pedido de secuestro
En febrero de 2019, 13 meses después de la denuncia del Museo Histórico y Numismático Héctor Carlos Janson, Casanello decidió archivar el expediente "hasta tanto surjan nuevos elementos probatorios que esclarezcan los hechos". Esto ocurrió en los últimos meses, cuando una persona llamó al FBI para decir que tenía parte de las piezas de colección buscadas.
En su resolución, Casanello también había solicitado que el Departamento Protección del Patrimonio Cultural de la Oficina Buenos Aires de Interpol mantuviera el pedido de secuestro de los bocetos.
"No existe una fecha cierta en la que podrían haber sido cometidos los supuestos hurtos de los billetes, bocetos o prototipos de billetes del museo del BCRA. Esto implica no poder siquiera acotar el período en que pudieron haber sido cometidos. En 1995 se detectó el primer faltante de elementos de interés del museo, aunque los mismos no se encontraban inventariados. Por estas circunstancias se llevó adelante una auditoría en la que prestaron declaración varios coleccionistas. Sin embargo, no existen registros de estas actuaciones. Es decir, no se sabe qué elementos faltaron y, además, tampoco se tenía conocimiento de qué elementos tenían", explicó Casanello en la resolución de febrero de 2019.


Siegfried Otto y la gran G+D

La historia de Giesecke+Devrient (G+D) y la vida de Siegfried Otto forman un relato de resistencia y evolución tecnológica que comenzó en 1852, cuando Hermann Giesecke y Alphonse Devrient fundaron en Leipzig una imprenta especializada en billetes y documentos de alta seguridad. En 1854, G+D recibió su primer pedido de impresión de billetes del Banco de Weimar. Para la fundación del Imperio Alemán en 1871, ocho principados alemanes imprimían el llamado papel moneda estatal con G+D, y 19 bancos emisores privados imprimían sus billetes con G+D. Ya en 1865, el negocio se internacionalizó con pedidos de impresión desde Suiza.

A partir de 1873, llegaron más pedidos desde Sudamérica, por primera vez también desde fuera de Europa. Entonces, como ahora, el conocimiento técnico exhaustivo de los últimos procesos de impresión era decisivo para la competitividad, manteniéndose un paso por delante de los falsificadores.
En la década de 1920, G+D imprimió por primera vez en nombre del Reichsbank alemán.



El primer pedido de impresión de billetes, 1854

Durante casi un siglo, la empresa se consolidó como un referente internacional en la fabricación de moneda, pero el final de la Segunda Guerra Mundial lo cambió todo: en 1948, las autoridades soviéticas expropiaron la sede original y la familia lo perdió prácticamente todo. Fue en ese momento crítico cuando apareció la figura de Siegfried Otto, un joven que se había casado con la heredera Jutta Devrient y que, tras ser liberado de un campo de prisioneros, decidió refundar la compañía desde cero en Múnich.

La llegada de Otto
Hijo del jefe de policía Erich Otto y Emma Gumbrecht, Siegfried Otto completó un aprendizaje en la imprenta Schaedel & Friebel en Leipzig . Luego trabajó en la empresa de impresión de seguridad Giesecke & Devrient, también en Leipzig. Durante la Segunda Guerra Mundial, Siegfried Otto sirvió como capitán en la Wehrmacht alemana.
En marzo de 1943, se casó con Jutta Devrient, hija de Ludwig Devrient, quien dirigió Giesecke & Devrient como presidente de la junta hasta su expropiación en 1948. Siegfried Otto fue liberado del cautiverio soviético en Bautzen en marzo de 1948 y se mudó a Múnich para reunirse con su esposa.


Tras la expropiación de la sede original de Leipzig, Siegfried Otto, inició la reconstrucción del negocio en Múnich en 1948. El negocio en la nueva sede creció rápidamente. En 1958, se alcanzó un hito significativo con un acuerdo con el Deutsche Bundesbank (Banco Federal Alemán) para el suministro de la mitad de todos los billetes alemanes. En 1964, la empresa adquirió la fábrica de papel Louisenthal en Gmund am Tegernsee. Durante los años siguientes, esta fábrica se convirtió en la más moderna de Europa, y Louisenthal se convirtió en uno de los principales productores mundiales de billetes y papel de seguridad. Tras la reunificación alemana, G+D recuperó su sede de Leipzig en 1991 y también adquirió la fábrica de papel Königstein en Sajonia.

Siegfried Otto (hacia 1970) y billete conmemorativo por su centenario,
en el cual aparece junto a Gualtiero Giori y Albert Amon


La marca Otto
El mayor mérito de Siegfried Otto fue entender que el futuro no estaba solo en el papel, sino en la tecnología; por ello, en los años 70 impulsó la creación de los primeros sistemas de procesamiento automático de billetes y, de forma revolucionaria, el desarrollo de las tarjetas con chip. Este giro tecnológico permitió que G+D lanzara en 1991 la primera tarjeta SIM del mundo, transformando para siempre la telefonía móvil. Aunque Otto se retiró en 1994 y falleció en 1997, su legado permitió que la empresa pasara de ser una imprenta tradicional a un gigante global de la seguridad digital que hoy gestiona desde pasaportes biométricos hasta monedas digitales, manteniéndose siempre como una firma de propiedad familiar.


Fuentes:
Moneymakers de Klaus Bender
https://currencyaffairs.org/hall-of-fame/siegfried-otto/
https://de.wikipedia.org/wiki/Siegfried_Otto


10.2.26

SICPA y el surgimiento del imperio OVI

Los inicios en la industria ganadera

Maurice Amon fundó SICPA en el cantón suizo de Vaud tras emigrar desde la isla de Rodas. Originalmente, la empresa se centraba en el sector agroalimentario, destacando por la venta masiva de una grasa de ordeño basada en parafina y vaselina. Aunque la fórmula no era nueva, el éxito de Amon radicó en su capacidad de comercialización y en un embalaje distintivo durante el periodo de entreguerras. SICPA, en esos primeros momentos, eran las siglas de Société Industrielle et Commerciale de Produits Alimentaires.


                                                Maurice Amon funda la empresa en 1927

Tras la Segunda Guerra Mundial, la neutralidad y la reputación de rigor técnico de Suiza permitieron que SICPA se expandiera. Maurice y su hijo Albert identificaron que la grasa que producían era un componente esencial para las tintas de impresión offset, técnica que entonces revolucionaba la prensa mundial.

Sus primeros pasos en la industria del "dinero"

El verdadero salto estratégico ocurrió con la creciente demanda estatal de papel moneda. Los gobiernos necesitaban tintas de alta complejidad para prevenir falsificaciones, y SICPA logró posicionarse como un proveedor de confianza. España fue su primer gran cliente internacional en 1943 para el billete de cien pesetas, seguida por Estados Unidos para la impresión de dólares. Este giro transformó a la antigua proveedora agrícola en un pilar de la seguridad financiera global.


Bajo la dirección del hijo de Mauricio, Albert Amon (1916-2010), la empresa se labró una reputación de estabilidad basada en una visión a largo plazo. El dominio de Albert Amon en la industria de la impresión de billetes no fue producto del azar, sino de una alianza estratégica con Gualtiero Giori, el principal fabricante de maquinaria calcográfica del siglo XX. En 1952, ambos establecieron un acuerdo en Lausana para segmentar el mercado: Giori proveería las prensas y Amon el insumo crítico (las tintas). Este pacto creó un cuasimonopolio que vinculaba la venta de maquinaria con el suministro de tintas especiales, asegurando que cualquier país que adquiriera tecnología Giori se convirtiera automáticamente en cliente de SICPA.

Albert Amon

Gualterio Giori

Sicpa aprovechó estos años para fortalecer su reputación, encontrar nuevos clientes y multiplicar los ensayos de laboratorio que realizaba para sus productos. Cada vez que hacían un descubrimiento, Maurice Amon y, sobre todo Albert, presentaban una patente y crearon, en colaboración con la Universidad de Lausana, un estándar para las tintas usadas en los billetes. Hoy en día, dispone de más de 5 000 patentes registradas.

Así, naturalmente, la sociedad cambió su nombre por uno más genérico: Société Industrielle et Commerciale de Produits Amon (SICPA). El propósito del negocio cambió; el acrónimo permaneció.


SICPA y sus primeros pasos con Argentina

Consolidación en la industria de la seguridad documental

Originalmente, la empresa se dedicaba a productos veterinarios y colorantes alimentarios. Bajo la influencia de Giori, la compañía pivotó hacia la química de pigmentos y, sobre todo, de agentes aglutinantes. Aunque los pigmentos pueden ser suministrados por diversos fabricantes químicos, el secreto de SICPA reside en su vehículo o agente aglutinante.

Este componente es técnicamente fundamental porque garantiza la funcionalidad y seguridad del billete a través de tres pilares. Por una parte, permite un control preciso del secado durante la impresión en relieve, lo que evita que las hojas se peguen entre sí o que las placas de acero se obstruyan por un secado prematuro. Por otra, dota al billete de una gran resistencia física y química, permitiendo que la tinta soporte el contacto con detergentes, temperaturas extremas y el roce constante sin deteriorarse. Así también, de manera complementaria, asegura una estandarización rigurosa mediante análisis espectrográficos, lo que garantiza que la composición de cada lote sea idéntica y prácticamente imposible de falsificar.

El avance de la Tinta Ópticamente Variable (OVI)

La tinta ópticamente variable (OVI) fue el gran éxito tecnológico y comercial de SICPA, nacido de la necesidad de combatir las fotocopiadoras a color presentadas en la 6.ª Conferencia de Interpol en Madrid (1977). Ante esta amenaza, Haim Bretler se comprometió a desarrollar una medida de seguridad irreproducible, hallando la solución en un recubrimiento de Optical Coating Laboratories Inc. diseñado originalmente para filtrar rayos cósmicos en naves de la NASA. Debido a su elevado precio, la tinta debutó gracias a una estrategia comercial en Tailandia (1987): SICPA la cedió gratuitamente para el billete conmemorativo de 60 baht del Rey Bhumipol, a cambio de datos técnicos de impresión. A pesar de incidentes como el de los "billetes rascables" en Austria, la OVI se consolidó mediante alianzas estratégicas con la impresora De La Rue y su adopción definitiva por el Bundesbank alemán en 1992 para sus billetes de mayor denominación.

Billete tailandés conmemorativo donde se usó por primera vez tinta OVI

Técnicamente, la OVI no es un pigmento tradicional, sino que utiliza la refracción de la luz a través de múltiples capas microscópicas para generar un cambio de color dependiendo del ángulo de incidencia. Su implementación fue compleja debido a su altísimo costo —llegando a los 2.500 francos suizos por kilo— y a la dificultad de su anclaje sobre el sustrato de papel. Sin embargo, tras pruebas exitosas en Tailandia y la adopción masiva por parte del Tesoro de los Estados Unidos en 1996 para el billete de 100 dólares, se convirtió en el estándar global de seguridad de "primer nivel" (verificable por el público).


Ejemplo de tinta OVI en billete de euro


Una industria blindada

A pesar de que el negocio de las tintas de seguridad tiene márgenes de beneficio extremadamente altos, la competencia es escasa debido a barreras de entrada no solo técnicas, sino institucionales. Primero, las instituciones emisoras evitan cambiar de proveedor para no arriesgarse a interrupciones en la producción o fallos en la durabilidad de la moneda en circulación. Segundo, SICPA suele establecer empresas conjuntas (joint ventures) con imprentas estatales (como en los casos de Pakistán, India o EE. UU.), lo que bloquea el acceso a licitadores externos. Finalmente, la empresa protege agresivamente sus fórmulas mediante patentes y acuerdos de no competencia para sus ingenieros químicos, llegando a utilizar acciones legales penales para evitar la fuga de conocimientos hacia competidores como Sun Chemical.

El escenario actual

A día de hoy, aunque el mercado es más fluido y han aparecido alternativas como los hologramas o las tintas de competidores como la alemana Gleitsmann (que suministra parte de la cuota del euro, https://gsi-gmbh.com/products/), SICPA mantiene el control sobre el mercado disponible. Su estrategia ha evolucionado hacia la reducción moderada de precios y la firma de contratos de suministro a largo plazo que hacen innecesarias las licitaciones públicas, manteniendo así su posición dominante en la infraestructura financiera global.

Fuentes:

Moneymaker de Klaus Bender.

https://www.sicpa.com/es/nuestra-historia

https://stories.swissinfo.ch/sicpa-los-negocios-turbios-del-rey-de-la-trazabilidad#341955

https://currencyaffairs.org/hall-of-fame/albert-amon/

9.2.26

Billetes promocionales "falsos"

 Muchos comercios suelen imprimir billetes promocionales con fines publicitarios. Los bancos centrales exigen que estos billetes cumplan con determinadas especificaciones que visibilicen de manera clara que no son billetes de circulación legal. Por ejemplo, que tengan un tamaño reducido, un cambio evidente en el diseño o color y que transporten una leyenda que aclare su naturaleza. 
También cada banco central tiene publicadas las especificaciones para hacer reproducciones de dinero auténtico, siempre evitando que el producto final pueda engañar al público o usuario del dinero.

 Pero, a veces, estos billetes no cumplen con estos requisitos y son usados con fines fraudulentos. Como en este caso.

La revista MAD y su billete de 3 dólares

En diciembre de 1967, la revista MAD publicó en su número 115 una parodia de un billete de 3 dólares como parte de un artículo titulado "Mad Mintlies". El billete presentaba a su mascota, Alfred E. Neuman, con una peluca al estilo de los Padres Fundadores y el mensaje de que la mayoría de los amigos son "tan falsos como" dicho billete.




A pesar de ser una sátira evidente y estar impreso por un solo lado, el billete tenía un tamaño y peso similares a la moneda real. Esto permitió que algunos lectores lo recortaran y lo utilizaran para engañar a las primeras máquinas de cambio de dólares que se estaban instalando en Las Vegas, obteniendo así un dólar real en monedas.

Este incidente derivó en una investigación oficial, en la que agentes del Departamento del Tesoro y del Servicio Secreto visitaron las oficinas del editor William Gaines para abordar el asunto del "falso" billete. En aquella época, las autoridades mantenían una postura muy estricta contra cualquier representación o imitación de la moneda estadounidense. Aun así, la revista no dejó de crear parodias numismáticas, produciendo años después billetes de denominaciones absurdas como el de 1,329,063 dólares o una nueva versión de 3 dólares llamada "twe dollars".





Fuentes;
https://bmj2k.com/2013/04/29/allan-keyes-fail-counterfeits/
https://www.spmc.org/blog/mad-magazine-and-its-troublesome-three-dollar-bill