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10.2.26

SICPA y el surgimiento del imperio OVI

Los inicios en la industria ganadera

Maurice Amon fundó SICPA en el cantón suizo de Vaud tras emigrar desde la isla de Rodas. Originalmente, la empresa se centraba en el sector agroalimentario, destacando por la venta masiva de una grasa de ordeño basada en parafina y vaselina. Aunque la fórmula no era nueva, el éxito de Amon radicó en su capacidad de comercialización y en un embalaje distintivo durante el periodo de entreguerras. SICPA, en esos primeros momentos, eran las siglas de Société Industrielle et Commerciale de Produits Alimentaires.


                                                Maurice Amon funda la empresa en 1927

Tras la Segunda Guerra Mundial, la neutralidad y la reputación de rigor técnico de Suiza permitieron que SICPA se expandiera. Maurice y su hijo Albert identificaron que la grasa que producían era un componente esencial para las tintas de impresión offset, técnica que entonces revolucionaba la prensa mundial.

Sus primeros pasos en la industria del "dinero"

El verdadero salto estratégico ocurrió con la creciente demanda estatal de papel moneda. Los gobiernos necesitaban tintas de alta complejidad para prevenir falsificaciones, y SICPA logró posicionarse como un proveedor de confianza. España fue su primer gran cliente internacional en 1943 para el billete de cien pesetas, seguida por Estados Unidos para la impresión de dólares. Este giro transformó a la antigua proveedora agrícola en un pilar de la seguridad financiera global.


Bajo la dirección del hijo de Mauricio, Albert Amon (1916-2010), la empresa se labró una reputación de estabilidad basada en una visión a largo plazo. El dominio de Albert Amon en la industria de la impresión de billetes no fue producto del azar, sino de una alianza estratégica con Gualtiero Giori, el principal fabricante de maquinaria calcográfica del siglo XX. En 1952, ambos establecieron un acuerdo en Lausana para segmentar el mercado: Giori proveería las prensas y Amon el insumo crítico (las tintas). Este pacto creó un cuasimonopolio que vinculaba la venta de maquinaria con el suministro de tintas especiales, asegurando que cualquier país que adquiriera tecnología Giori se convirtiera automáticamente en cliente de SICPA.

Albert Amon

Gualterio Giori

Sicpa aprovechó estos años para fortalecer su reputación, encontrar nuevos clientes y multiplicar los ensayos de laboratorio que realizaba para sus productos. Cada vez que hacían un descubrimiento, Maurice Amon y, sobre todo Albert, presentaban una patente y crearon, en colaboración con la Universidad de Lausana, un estándar para las tintas usadas en los billetes. Hoy en día, dispone de más de 5 000 patentes registradas.

Así, naturalmente, la sociedad cambió su nombre por uno más genérico: Société Industrielle et Commerciale de Produits Amon (SICPA). El propósito del negocio cambió; el acrónimo permaneció.


SICPA y sus primeros pasos con Argentina

Consolidación en la industria de la seguridad documental

Originalmente, la empresa se dedicaba a productos veterinarios y colorantes alimentarios. Bajo la influencia de Giori, la compañía pivotó hacia la química de pigmentos y, sobre todo, de agentes aglutinantes. Aunque los pigmentos pueden ser suministrados por diversos fabricantes químicos, el secreto de SICPA reside en su vehículo o agente aglutinante.

Este componente es técnicamente fundamental porque garantiza la funcionalidad y seguridad del billete a través de tres pilares. Por una parte, permite un control preciso del secado durante la impresión en relieve, lo que evita que las hojas se peguen entre sí o que las placas de acero se obstruyan por un secado prematuro. Por otra, dota al billete de una gran resistencia física y química, permitiendo que la tinta soporte el contacto con detergentes, temperaturas extremas y el roce constante sin deteriorarse. Así también, de manera complementaria, asegura una estandarización rigurosa mediante análisis espectrográficos, lo que garantiza que la composición de cada lote sea idéntica y prácticamente imposible de falsificar.

El avance de la Tinta Ópticamente Variable (OVI)

La tinta ópticamente variable (OVI) fue el gran éxito tecnológico y comercial de SICPA, nacido de la necesidad de combatir las fotocopiadoras a color presentadas en la 6.ª Conferencia de Interpol en Madrid (1977). Ante esta amenaza, Haim Bretler se comprometió a desarrollar una medida de seguridad irreproducible, hallando la solución en un recubrimiento de Optical Coating Laboratories Inc. diseñado originalmente para filtrar rayos cósmicos en naves de la NASA. Debido a su elevado precio, la tinta debutó gracias a una estrategia comercial en Tailandia (1987): SICPA la cedió gratuitamente para el billete conmemorativo de 60 baht del Rey Bhumipol, a cambio de datos técnicos de impresión. A pesar de incidentes como el de los "billetes rascables" en Austria, la OVI se consolidó mediante alianzas estratégicas con la impresora De La Rue y su adopción definitiva por el Bundesbank alemán en 1992 para sus billetes de mayor denominación.

Billete tailandés conmemorativo donde se usó por primera vez tinta OVI

Técnicamente, la OVI no es un pigmento tradicional, sino que utiliza la refracción de la luz a través de múltiples capas microscópicas para generar un cambio de color dependiendo del ángulo de incidencia. Su implementación fue compleja debido a su altísimo costo —llegando a los 2.500 francos suizos por kilo— y a la dificultad de su anclaje sobre el sustrato de papel. Sin embargo, tras pruebas exitosas en Tailandia y la adopción masiva por parte del Tesoro de los Estados Unidos en 1996 para el billete de 100 dólares, se convirtió en el estándar global de seguridad de "primer nivel" (verificable por el público).


Ejemplo de tinta OVI en billete de euro


Una industria blindada

A pesar de que el negocio de las tintas de seguridad tiene márgenes de beneficio extremadamente altos, la competencia es escasa debido a barreras de entrada no solo técnicas, sino institucionales. Primero, las instituciones emisoras evitan cambiar de proveedor para no arriesgarse a interrupciones en la producción o fallos en la durabilidad de la moneda en circulación. Segundo, SICPA suele establecer empresas conjuntas (joint ventures) con imprentas estatales (como en los casos de Pakistán, India o EE. UU.), lo que bloquea el acceso a licitadores externos. Finalmente, la empresa protege agresivamente sus fórmulas mediante patentes y acuerdos de no competencia para sus ingenieros químicos, llegando a utilizar acciones legales penales para evitar la fuga de conocimientos hacia competidores como Sun Chemical.

El escenario actual

A día de hoy, aunque el mercado es más fluido y han aparecido alternativas como los hologramas o las tintas de competidores como la alemana Gleitsmann (que suministra parte de la cuota del euro, https://gsi-gmbh.com/products/), SICPA mantiene el control sobre el mercado disponible. Su estrategia ha evolucionado hacia la reducción moderada de precios y la firma de contratos de suministro a largo plazo que hacen innecesarias las licitaciones públicas, manteniendo así su posición dominante en la infraestructura financiera global.

Fuentes:

Moneymaker de Klaus Bender.

https://www.sicpa.com/es/nuestra-historia

https://stories.swissinfo.ch/sicpa-los-negocios-turbios-del-rey-de-la-trazabilidad#341955

https://currencyaffairs.org/hall-of-fame/albert-amon/

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